La Aventura De Ser Cristiano. Qué implica

Ser cristiano es mucho más que pertenecer a una religión, asistir a una iglesia o creer en un conjunto de doctrinas. Se trata de tener una relación personal y dinámica con el Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, el Rey de reyes y el Señor de señores. Estamos hablando de seguir a Cristo, imitarlo, amarlo y obedecerle. Ser cristiano es vivir por Cristo, para Cristo y con Cristo.

Ser cristiano es una aventura. Sin embargo, no es una aventura cualquiera, sino la más grande, emocionante, desafiante y transformadora de todas las aventuras. Implica riesgos, retos, cambios, sorpresas, alegrías, tristezas, victorias, derrotas, luchas, triunfos, pruebas, bendiciones, sacrificios, recompensas, sufrimientos, glorias y mucho más. En este artículo te vamos a ayudar a entender un poco de qué se trata el ser cristiano.

La Aventura De Ser Cristiano. Qué implica

Índice
  1. ¿Qué implica ser cristiano?
  2. ¿Qué beneficios tiene ser cristiano?
  3. ¿Qué desafíos tiene ser cristiano?
  4. ¿Qué preguntas frecuentes podemos tener sobre ser cristiano?
  5. Conclusión

¿Qué implica ser cristiano?

Ser cristiano implica varias cosas que debemos entender, creer y practicar. Veamos algunas de ellas:

  • Nacer de nuevo. Jesús le dijo a Nicodemo:

De cierto, de cierto te digo, que el que no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3).

El nacimiento natural nos hace hijos de nuestros padres humanos, pero el nacimiento espiritual nos hace hijos de Dios. El nacimiento natural nos da una vida física, pero el nacimiento espiritual nos da una vida eterna. El nacimiento natural nos hace parte de una familia terrenal, pero el nacimiento espiritual nos hace parte de una familia celestial.

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¿Cómo nacemos de nuevo? Por el agua y el Espíritu (Juan 3:5). El agua representa el bautismo, que es el símbolo de nuestra identificación con la muerte, sepultura y resurrección de Cristo. El Espíritu representa el poder de Dios, que es el que nos regenera, nos sella, nos habita, nos guía, nos enseña, nos consuela, nos santifica y nos capacita. Ser cristiano es nacer de nuevo por el agua y el Espíritu, y vivir una nueva vida en Cristo.

  • Creer en Cristo. El apóstol Juan escribió su evangelio con este propósito:

“Estas cosas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer, tengáis vida en su nombre” (Juan 20:31).

Creer en Cristo no es solo aceptar unos hechos históricos o unas verdades teológicas, sino confiar en su persona, en su obra y en su palabra. No es solo un acto intelectual o emocional, sino una decisión de la voluntad, que implica compromiso, entrega y obediencia. No se trata solo un evento puntual o temporal, sino una actitud constante y permanente, que implica fidelidad, perseverancia y crecimiento. Se trata de creer en Cristo, y vivir por la fe en el Hijo de Dios. Jesús dijo a sus discípulos:

“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9:23).

Seguir a Cristo no es solo admirar su ejemplo o imitar su conducta, sino obedecer su mandato y cumplir su voluntad. No se trata de un camino fácil o cómodo, sino una senda estrecha y difícil, que implica negarse a sí mismo, tomar su cruz y renunciar a todo. No es solo un beneficio personal o temporal, sino una bendición eterna y trascendente, que implica ganar su favor, su amistad y su reino. Ser cristiano es seguir a Cristo, y vivir como Él vivió.

  • Amar a Cristo. Jesús dijo a sus discípulos:

“Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15).

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Amar a Cristo es una decisión firme y constante, que implica lealtad, devoción y pasión. Se trata de una demostración práctica y genuina, que implica obediencia, servicio y sacrificio. No es solo un mandamiento principal o supremo, sino una respuesta natural y espontánea, que implica gratitud, gozo y adoración. Ser cristiano es amar a Cristo, y vivir para su gloria.

  • Pertenecer a Cristo. Pablo escribió a los romanos:

“Pues de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” (Romanos 11:36).

Esta no es solo una cuestión de propiedad o posesión, sino de identidad y relación. No se trata solo de una realidad presente o actual, sino de una realidad eterna e inmutable. Pertenecer a Cristo no es solo una condición individual o personal, sino una condición colectiva y comunitaria. Pertenecer a Cristo es un privilegio inmerecido o inestimable, pero también es una responsabilidad ineludible e intransferible. Ser cristiano es pertenecer a Cristo, y vivir con Él.

¿Qué beneficios tiene ser cristiano?

Ser cristiano tiene muchos beneficios que podemos disfrutar y agradecer. Veamos algunos de ellos:

  • Nos da la salvación. La salvación es el regalo de Dios para los que creen en su Hijo Jesucristo, que murió en la cruz por nuestros pecados y resucitó al tercer día. Nos libra de la condenación eterna, nos reconcilia con Dios y nos justifica ante Él. La salvación es por gracia, mediante la fe, y no por obras, para que nadie se gloríe (Efesios 2:8-9; Juan 3:16; Romanos 5:1-11; 8:14-39; 1 Pedro 1:3-9; 1 Corintios 15:1-58).
  • Obtenemos santificación. La santificación es el proceso de Dios para hacernos más como su Hijo Jesucristo, que es el modelo de perfección y santidad. Nos aparta del pecado, del mundo y del diablo, y nos consagra a Dios, a su voluntad y a su servicio. Es obra del Espíritu Santo, que nos convence, nos limpia, nos renueva, nos llena, nos fructifica y nos capacita (1 Tesalonicenses 4:3-8; 1 Pedro 1:15-16; 2 Corintios 3:18; 1 Juan 2:15-17; 3:1-10; Gálatas 5:16-26; Colosenses 3:1-17; Efesios 4:17-32; 2:10).
  • Nos da la comunión. La comunión es la relación de Dios con nosotros, y de nosotros con Él y con los demás. Esto nos permite disfrutar de la presencia, la ayuda, el consuelo, la dirección, la sabiduría, el poder, el amor y la gracia de Dios. Podemos expresar nuestra adoración, alabanza, gratitud, confianza, dependencia, entrega, obediencia y fidelidad a Dios. La comunión es posible por la sangre de Cristo, que nos limpia de todo pecado, y por el Espíritu Santo, que nos une en un solo cuerpo, la iglesia, que es la familia de Dios (1 Juan 1:3-7; Hebreos 10:19-25; Efesios 2:11-22; 4:1-16; Hechos 2:42-47).
  • Tenemos la misión más importante. La misión es el encargo de Dios para nosotros, que consiste en hacer discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que Él nos ha mandado. Esto nos impulsa a compartir el evangelio de Cristo, que es el poder de Dios para salvación de todo aquel que cree, y a demostrar el amor de Cristo, que es el distintivo de los que somos sus discípulos (Mateo 28:18-20; Marcos 16:15-16; Lucas 24:46-49; Juan 13:34-35; 20:21; Romanos 1:16-17; Hechos 1:8; 2 Timoteo 4:1-8; Tito 2:11-14).

¿Qué desafíos tiene ser cristiano?

Ser cristiano tiene también muchos desafíos que debemos enfrentar y superar. Veamos algunos de ellos:

  • Negarse a sí mismo. Jesús dijo:

“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo” (Mateo 16:24).

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Negarse a sí mismo significa renunciar a nuestros deseos, intereses, ambiciones, planes, proyectos, sueños, gustos, placeres, comodidades, derechos, privilegios, posesiones, y todo lo que nos impida seguir a Cristo. Significa crucificar nuestra carne, nuestro yo, ego, orgullo, vanidad, soberbia, codicia, envidia, ira, lujuria, pereza, gula, y todo lo que nos aleje de Cristo (2 Corintios 5:15; Gálatas 2:20; 5:24).

  • Tomar su cruz. Jesús dijo:

“Si alguno quiere venir en pos de mí, tome su cruz cada día” (Lucas 9:23).

Tomar su cruz significa asumir el costo, el sacrificio, el sufrimiento, la persecución, la aflicción, la tribulación, la angustia, la prueba, la tentación, la oposición, la resistencia, el rechazo, el desprecio, el odio, la injuria, la calumnia, la difamación, la burla, el escarnio, la humillación, la vergüenza, la muerte, y todo lo que nos toque padecer por causa de Cristo (Colosenses 1:24; 1 Pedro 4:12-19; 2 Corintios 4:7-18; 11:23-33; 12:7-10; Filipenses 1:29; 3:10; 2 Timoteo 3:12).

  • Seguir a Cristo. Jesús dijo:

“Si alguno quiere venir en pos de mí, sígame” (Mateo 16:24).

Esto significa obedecer su mandamiento, cumplir su voluntad, hacer su obra, anunciar su evangelio, demostrar su amor, reflejar su imagen, manifestar su gloria, y todo lo que nos lleve a ser más como Él. Seguir a Cristo significa aprender de Él, imitarle, admirarle, amarle, servirle, adorarle, exaltarle, glorificarle, y todo lo que nos lleve a estar más cerca de Él. También debemos dejar todo lo que nos estorba, lo que nos ata, lo que nos impide, lo que nos distrae, lo que nos desvía (Juan 14:15; 15:14; Mateo 7:21; 12:50; 16:27; 25:21; 28:19-20; Juan 13:34-35

“Vosotros sois la luz del mundo” y “Vosotros sois la sal de la tierra” (Mateo 5:13-14).

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Ser luz y sal significa influir positivamente en el mundo, en medio de las tinieblas y la corrupción que lo rodean. Esto implica reflejar el carácter, los valores, los principios, las virtudes y las obras de Cristo, que son los que dan sabor, sentido y dirección a la vida. Esto significa iluminar, guiar, orientar, enseñar, advertir, corregir, exhortar, edificar y bendecir a los que están en la oscuridad, el error, la ignorancia, el engaño y la muerte (Mateo 5:13-16; Filipenses 2:14-16; Colosenses 4:5-6; 1 Pedro 2:9-12).

  • Ser templo del Espíritu Santo. Pablo escribió a los corintios:

“¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 Corintios 6:19).

Ser templo del Espíritu Santo significa ser morada de Dios, donde Él habita, se manifiesta y se glorifica. Esto significa ser propiedad de Dios, que nos compró con su sangre, nos redimió de la esclavitud del pecado, y nos hizo suyos para siempre. También quiere decir ser instrumento de Dios, que nos usa para su obra, su servicio, su testimonio, su misión, su propósito y su plan (1 Corintios 3:16-17; 6:19-20; 2 Corintios 6:14-18; Romanos 12:1-2; 1 Tesalonicenses 5:23).

¿Qué preguntas frecuentes podemos tener sobre ser cristiano?

Ser cristiano puede generar algunas dudas o inquietudes que podemos resolver consultando la Biblia y la experiencia de otros creyentes. Aquí hay algunas preguntas frecuentes y sus respuestas:

  • ¿Qué pasa si dudo de mi fe cristiana? No debemos avergonzarnos, sino fortalecer nuestra fe. La duda es una realidad que todos los cristianos enfrentamos en algún momento de nuestra vida, y que puede tener diversas causas, como la falta de conocimiento, la influencia del mundo, la tentación del diablo, la debilidad de la carne y otras más (Hebreos 11:1-40; 12:1-3; Santiago 1:5-8; Judas 1:20-25; Marcos 9:23-24; Juan 20:24-29; 1 Pedro 1:3-9; 2 Pedro 1:16-21; 1 Juan 5:13; Apocalipsis 1:5-8).
  • ¿Qué pasa si caigo en pecado siendo cristiano? No debemos desesperarnos, sino arrepentirnos de nuestro pecado. El pecado es una realidad que todos los cristianos enfrentamos en nuestra vida, pues, aunque hemos sido liberados de su dominio, aún tenemos que luchar contra su presencia, su influencia, su tentación, su engaño, su seducción, su provocación, su acusación, su condenación, y sus consecuencias.
  • ¿Cómo puedo vencer el pecado en mi vida diaria? La victoria sobre el pecado es posible mediante la obra redentora de Cristo, la ayuda del Espíritu Santo y la aplicación práctica de principios bíblicos. La clave está en mantener una conexión constante con Dios a través de la oración, la lectura de la Biblia, la rendición de cuentas con otros creyentes y la obediencia diligente a los mandamientos divinos. La resistencia activa al pecado, el arrepentimiento sincero y la búsqueda de la santidad son fundamentales para experimentar la libertad y la transformación que Cristo ofrece.
  • ¿Cómo manejar la presión y la oposición por ser cristiano en un entorno secular? La presión y la oposición son inevitables en un mundo que a menudo se aleja de los principios cristianos. Para enfrentar estos desafíos, es esencial fortalecer la fe, mantener una postura firme en los valores bíblicos y buscar el apoyo de la comunidad cristiana. Además, la paciencia, el amor hacia los que nos oponen y la sabiduría en las respuestas son herramientas clave para ser testigos efectivos en medio de la adversidad.
  • ¿Cómo equilibrar las demandas diarias con la dedicación a la obra de Dios? En la vida cotidiana, la gestión del tiempo es esencial para equilibrar las responsabilidades diarias y la dedicación a la obra de Dios. Establecer prioridades basadas en principios bíblicos, planificar conscientemente el tiempo de oración, estudio de la Biblia y servicio, y buscar la guía del Espíritu Santo son prácticas que permiten mantener el enfoque en la obra divina mientras se cumplen las responsabilidades terrenales.
  • ¿Por qué es importante la entrega total en la obra de Dios? La entrega total a la obra de Dios es crucial porque refleja una respuesta genuina al amor y la gracia divina. Implica un compromiso integral con la voluntad de Dios, permitiendo que Su poder se manifieste a través de nuestras vidas. Es un acto de adoración y obediencia que lleva a una conexión más profunda con Dios y contribuye al avance de Su reino en la tierra.
  • ¿Cómo superar la sensación de que la entrega total es una carga? Cambiar la percepción de la entrega total como una carga a una bendición requiere un cambio de perspectiva. Reconocer la oportunidad de experimentar la plenitud espiritual, el propósito divino y la alegría en la entrega total puede transformar la percepción. La comprensión de que la entrega total no solo beneficia a la obra de Dios, sino que también enriquece nuestra vida espiritual, puede ayudar a superar la sensación de carga.
  • ¿Cuál es la diferencia entre dar por obligación y dar con alegría? La diferencia clave radica en la actitud del corazón. Dar por obligación implica cumplir con un deber de manera mecánica o forzada, mientras que dar con alegría refleja una disposición alegre y agradecida. La Biblia enfatiza la importancia de dar con generosidad y alegría, ya que esto no solo beneficia a la obra de Dios, sino que también produce bendiciones y gozo en el dador.
  • ¿Cómo discernir si estoy entregando realmente mi corazón a la obra de Dios o simplemente cumpliendo con rituales religiosos? La sinceridad de la entrega se evidencia en la coherencia entre nuestras acciones diarias y los principios bíblicos. Evaluar si nuestras decisiones, actitudes y prioridades están alineadas con el amor, la justicia y la voluntad de Dios ayuda a discernir si estamos entregando auténticamente nuestro corazón o simplemente realizando actos rituales.
  • ¿Cuáles son los desafíos comunes al comprometerse totalmente con la obra de Dios? Distracciones, preocupaciones terrenales y tentaciones son desafíos comunes al compromiso total con la obra de Dios. Superar estos desafíos implica una constante autoevaluación, la búsqueda de fortaleza en la oración, la conexión con la comunidad cristiana y la dependencia en el poder del Espíritu Santo.
  • ¿Cómo llevar las cargas unos de otros según Gálatas 6:2 en el contexto de la entrega total? Llevar las cargas unos de otros, implica un compromiso activo con la comunidad cristiana. Compartir las luchas, brindar apoyo, orar unos por otros y estar dispuestos a ayudar en momentos difíciles son prácticas que fortalecen la unidad y contribuyen al crecimiento espiritual mutuo.
  • ¿Cómo experimentar una vida plena en compromiso con la obra de Dios según las conclusiones del artículo? Experimentar una vida plena en compromiso con la obra de Dios requiere una entrega total y constante. Vivir de acuerdo con los principios divinos, cultivar una relación profunda con Dios, buscar el crecimiento espiritual personal y participar activamente en la misión de Dios son caminos hacia una vida plena y significativa en la obra divina.
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Conclusión

Ser cristiano es una aventura que implica nacer de nuevo por el agua y el Espíritu, y vivir una nueva vida en Cristo. No se trata de una religión, sino de una relación. No se trata de un ritual, sino de una realidad. No se trata de una obligación, sino de una oportunidad. Ser cristiano es el mayor privilegio y la mayor responsabilidad que podemos tener. Es el camino más difícil, pero también el más hermoso. Es el desafío más grande, pero también la recompensa más grande. Ser cristiano es lo mejor que nos puede pasar en esta vida y en la eterna.

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