La Humildad Es La Clave Para Acercarnos A Dios

La humildad es el reconocimiento de nuestra limitación, nuestra dependencia y nuestra necesidad de Dios. La humildad es la renuncia a nuestro orgullo, nuestra autosuficiencia y nuestra rebeldía. Se trata de la sumisión a la autoridad, la sabiduría y la voluntad de Dios. La humildad es la clave para acercarnos a Dios.

Índice
  1. ¿Qué es la humildad?
  2. ¿Por qué debemos ser humildes?
  3. ¿Cómo podemos ser humildes?
  4. Conclusión

¿Qué es la humildad?

La humildad es el reconocimiento de nuestra limitación, nuestra dependencia y nuestra necesidad de Dios. Reconocer nuestra limitación significa aceptar que somos criaturas finitas, frágiles y falibles, que no tenemos todo el poder, todo el conocimiento ni toda la capacidad que quisiéramos.

La humildad es la clave para acercarnos a Dios

Esto significa admitir que somos criaturas necesitadas, carentes y deudoras, que no podemos vivir sin el sustento, sin la gracia ni sin el perdón de Dios. Se trata de reconocer nuestra necesidad significa confesar que somos criaturas perdidas, pecadoras y condenadas, que no podemos salvarnos sin el amor, sin la misericordia ni sin la obra de Dios.

La humildad es la renuncia a nuestro orgullo, nuestra autosuficiencia y nuestra rebeldía. Renunciar a nuestro orgullo significa dejar de pensar que somos más de lo que somos, que nos merecemos más de lo que tenemos o que sabemos más de lo que sabemos. Debemos renunciar a nuestra autosuficiencia y dejar de confiar en nosotros mismos, en nuestras fuerzas o en nuestros recursos, y depender de Dios, de su poder y de su provisión.

La humildad es la sumisión a la autoridad, la sabiduría y la voluntad de Dios. Someterse a la autoridad de Dios significa reconocer que él es nuestro Creador, nuestro Señor y nuestro Juez, que tiene todo el derecho, todo el poder y toda la soberanía sobre nosotros.

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Someterse a la sabiduría de Dios significa reconocer que él es nuestro Maestro, nuestro guía y nuestro consejero, que tiene todo el conocimiento, toda la verdad y toda la razón sobre nosotros. Someterse a la voluntad de Dios implica reconocer que él es nuestro Padre, nuestro Salvador y nuestro Rey, que tiene todo el amor, toda la bondad y toda la fidelidad hacia nosotros.

¿Por qué debemos ser humildes?

Debemos ser humildes porque Dios nos manda a serlo, porque Dios nos enseña a serlo y porque Dios nos bendice al serlo. Ser humilde es un mandato de Dios, que expresa su voluntad y su autoridad. Ser humilde es una enseñanza de Dios, que expresa su amor y su gracia. Se trata de una bendición de Dios, que expresa su poder y su gloria.

Debemos ser humildes porque Dios nos manda a serlo. Él quiere que seamos humildes porque él es santo, justo y bueno. Él quiere que seamos humildes porque él aborrece el pecado, el orgullo y la soberbia. Él quiere que seamos humildes porque él busca adoradores en espíritu y en verdad. Pedro dice:

“Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (1 Pedro 5:5).

Debemos ser humildes porque Dios nos enseña a serlo. Él nos enseña a ser humildes por medio de su palabra, de su Hijo y de su Espíritu Santo. Su palabra nos enseña a ser humildes al revelarnos quién es él, quiénes somos nosotros y qué debemos hacer.

El hijo de Dios nos enseña a ser humildes al mostrarnos el ejemplo perfecto, la prueba suprema y el modelo supremo de humildad. Su Espíritu Santo nos enseña a ser humildes al convencernos de pecado, de justicia y de juicio. Jesús dice:

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“Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29).

Debemos ser humildes porque Dios nos bendice al serlo. Él nos bendice al ser humildes al acercarnos a él, al exaltarnos y al usarnos. Él nos acerca a él cuando somos humildes, porque él se complace en los que le temen, en los que esperan en su misericordia y en los que le buscan de todo corazón.

Dios nos exalta cuando somos humildes, porque él da gracia a los humildes, los levanta del polvo y los hace sentar con los príncipes. Él nos usa cuando somos humildes, porque él escoge lo débil, lo vil y lo menospreciado del mundo para confundir a lo fuerte, a lo sabio y a lo noble. Santiago dice:

“Humillaos delante del Señor, y él os exaltará” (Santiago 4:10).

¿Cómo podemos ser humildes?

Podemos ser humildes al reconocer nuestra limitación, nuestra dependencia y nuestra necesidad de Dios. Podemos ser humildes al renunciar a nuestro orgullo, nuestra autosuficiencia y nuestra rebeldía. La humildad también tiene que ver con someternos a la autoridad, la sabiduría y la voluntad de Dios.

Al reconocer nuestra limitación, nuestra dependencia y nuestra necesidad, entender nuestra limitación al aceptar nuestras debilidades, nuestros errores y nuestras faltas estamos siendo humildes. Podemos reconocer nuestra dependencia al pedir ayuda, consejo y oración. Podemos reconocer nuestra necesidad al confesar nuestros pecados, nuestras carencias y nuestras aflicciones.

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Podemos ser humildes al renunciar a nuestro orgullo, nuestra autosuficiencia y nuestra rebeldía. Podemos renunciar a nuestro orgullo al no presumir, al no jactarnos y al no despreciar. Tenemos también que renunciar a nuestra autosuficiencia al no confiar en nosotros mismos, en nuestras fuerzas o en nuestros recursos, sino en Dios, en su poder y en su provisión.

Debemos alejarnos de nuestra rebeldía al no desobedecer a Dios, resistirnos a su voluntad u oponernos a su autoridad, sino obedecerle, someternos y honrarle. Podemos ser humildes al someternos a la autoridad, la sabiduría y la voluntad de Dios.

Es necesario someternos a la autoridad de Dios al respetar sus mandamientos, sus juicios y sus designios. Podemos someternos a la sabiduría de Dios al seguir sus instrucciones, sus consejos y sus caminos. Debemos y tenemos que someternos a la voluntad de Dios al hacer su obra, su reino y su gloria si deseamos ser humildes.

Conclusión

La humildad es la clave para acercarnos a Dios. Él es el que nos manda a ser humildes, nos enseña a ser humildes y nos bendice al ser humildes. El Señor es el que nos da la gracia, el ejemplo y el fruto de la humildad por medio de su Espíritu Santo. Es quien complace en los humildes, los exalta y los usa para su gloria.

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