Tú También Puedes Llegar A La Cima Con La Ayuda De Dios: Claves Y Testimonios

Llegar a la cima es un anhelo que muchos tenemos, ya sea en el ámbito personal, familiar, profesional, social o espiritual. Deseamos alcanzar nuestros sueños, nuestros objetivos, nuestros ideales. Queremos ser exitosos, felices, realizados. Necesitamos ser reconocidos, admirados, respetados.

Sin embargo, ¿Cómo podemos llegar a la cima en un mundo tan competitivo, tan exigente, tan cambiante? ¿Qué factores nos ayudan y qué obstáculos nos impiden llegar a la cima? ¿Qué significa realmente llegar a la cima desde una perspectiva cristiana? En este artículo, vamos a responder a estas preguntas, con fundamentos bíblicos y con una estructura clara y ordenada.

Llegar a la cima con la ayuda de Dios

Índice
  1. Reconocer que Dios es el dueño de la cima
  2. Definir qué es la cima para nosotros
  3. Seguir los principios de Dios para llegar a la cima
  4. Conclusión

Reconocer que Dios es el dueño de la cima

El primer paso para llegar a la cima es reconocer que Dios es el dueño de la cima, es decir, que él es el creador, el sustentador y el señor de todas las cosas. La Biblia dice que de Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan (Salmo 24:1).

Esto significa que todo lo que existe, sea visible o invisible, sea material o espiritual, sea temporal o eterno, le pertenece a Dios y está bajo su dominio. Dios es el que da la vida, el que sostiene el universo, el que gobierna la historia. Reconocer que Dios es el dueño de la cima nos ayuda de varias maneras:

  • Nos da reverencia, al saber que Dios es el más alto, el más grande, el más santo, y que debemos adorarle, honrarle y servirle. La Biblia dice que grande es Jehová, y digno de ser en gran manera alabado (Salmo 48:1).
  • Nos da dependencia, al saber que Dios es el proveedor, el protector, el redentor, y que debemos confiar en él, pedirle y agradecerle. La Biblia dice que Jehová es mi pastor; nada me faltará (Salmo 23:1).
  • Nos da humildad, al saber que Dios es el soberano, el juez, el salvador, y que debemos someternos a él, obedecerle y seguirle. La Biblia dice que Jehová reina; temblarán los pueblos (Salmo 99:1).

Un ejemplo de alguien que reconoció que Dios es el dueño de la cima fue Nabucodonosor, el rey de Babilonia. Nabucodonosor fue el monarca más poderoso de su época, que conquistó muchos reinos y construyó una gran ciudad.

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Sin embargo, Nabucodonosor se enorgulleció de su poder y de su gloria, y se olvidó de Dios. Dios lo humilló, quitándole el reino y haciéndole vivir como una bestia por siete años. Al final, Nabucodonosor reconoció que Dios es el dueño de la cima, y le alabó y le honró. Nabucodonosor dijo:

Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia (Daniel 4:37).

Definir qué es la cima para nosotros

El segundo paso para llegar a la cima es definir qué es la cima para nosotros, es decir, qué es lo que queremos lograr, qué es lo que nos motiva, qué es lo que nos satisface. La Biblia dice que cada uno tiene su propio don de Dios, uno de una manera, y otro de otra (1 Corintios 7:7).

Esto significa que Dios nos ha creado con diferentes capacidades, intereses, gustos y propósitos, y que no todos tenemos la misma visión de lo que es la cima. Algunos pueden aspirar a la cima en el ámbito académico, otros en el ámbito artístico, otros en el ámbito deportivo, otros en el ámbito empresarial, otros en el ámbito ministerial, entre otros. Definir qué es la cima para nosotros nos ayuda de varias maneras:

  • Nos da claridad, al saber qué es lo que buscamos, qué es lo que nos apasiona, qué es lo que nos hace felices. La Biblia dice que el corazón del hombre piensa su camino; mas Jehová endereza sus pasos (Proverbios 16:9).
  • Nos da dirección, al saber hacia dónde vamos, qué metas tenemos, qué planes seguimos. La Biblia dice que el hombre perverso anda en falta de sabiduría; mas el hombre entendido endereza sus pasos (Proverbios 15:21).
  • Nos da sentido, al saber para qué vivimos, qué propósito tenemos, qué legado dejamos. La Biblia dice que todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría (Eclesiastés 9:10).

Un ejemplo de alguien que definió qué era la cima para él fue Nehemías, el copero del rey de Persia. Nehemías era un judío que vivía en el exilio, y que tenía una posición privilegiada al servicio del rey.

Sin embargo, Nehemías tenía un sueño: reconstruir los muros de Jerusalén, la ciudad santa de su pueblo. Nehemías oró a Dios, pidió permiso al rey, viajó a Jerusalén, organizó al pueblo, enfrentó la oposición y logró su objetivo. Nehemías dijo:

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El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos (Nehemías 2:20).

Seguir los principios de Dios para llegar a la cima

El tercer paso para llegar a la cima es seguir los principios de Dios para llegar a la cima, es decir, las normas y los valores que Dios nos ha revelado en su Palabra, y que debemos aplicar en nuestra vida. La Biblia dice que la ley de Jehová es perfecta, que restaura el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo (Salmo 19:7).

Esto significa que Dios nos ha dado su ley, su testimonio, sus mandamientos, sus estatutos, sus preceptos y sus juicios, para que nos guíen, nos enseñen, nos corrijan y nos bendigan. Seguir los principios de Dios para llegar a la cima nos ayuda de varias maneras:

  • Nos da integridad, al vivir una vida coherente, honesta y transparente, que refleja el carácter de Dios y que honra su nombre. La Biblia dice que el que camina en integridad, será salvo; mas el de perversos caminos caerá en alguno (Proverbios 28:18).
  • Nos da excelencia, al hacer las cosas con calidad, con esmero y con diligencia, que refleja el poder de Dios y que muestra su gloria. La Biblia dice que todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres (Colosenses 3:23).
  • Nos da bendición, al recibir las recompensas, los favores y los frutos, que reflejan el amor de Dios y que muestran su fidelidad. La Biblia dice que el que atiende a la palabra, hallará el bien, y el que confía en Jehová, él es bienaventurado (Proverbios 16:20).

Un ejemplo de alguien que siguió los principios de Dios para llegar a la cima fue Daniel, el profeta de Dios. Daniel fue llevado cautivo a Babilonia, y se destacó por su sabiduría y su integridad, no contaminándose con las costumbres paganas. Daniel sirvió a varios reyes, y fue ascendido a altos cargos, pero nunca se apartó de Dios, ni de su ley.

Conclusión

Llegar a la cima es posible con la ayuda de Dios, que es el dueño de la cima y el que nos capacita para alcanzarla. Sin embargo, llegar a la cima no significa tener éxito según los estándares del mundo, sino cumplir el propósito de Dios para nuestras vidas, que es glorificarle y servirle.

Para ello, debemos reconocer a Dios como nuestro creador, proveedor, protector, redentor, soberano, juez y salvador. Debemos adorarle, honrarle, servirle, confiar en él, pedirle, agradecerle, someternos a él, obedecerle y seguirle. Así podremos llegar a la cima y disfrutar de su presencia, su paz y su bendición.

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