Encomienda Tus Caminos Al Señor, Confía En Él Y Él Actuará
La vida es un camino que tiene muchas direcciones, decisiones y desafíos. A veces el camino es claro y fácil, otras veces es confuso y difícil. A veces el camino nos lleva a lugares de bendición y gozo, otras veces nos lleva a lugares de prueba y dolor. A veces el camino nos muestra el propósito y la voluntad de Dios, otras veces nos hace dudar y cuestionar a Dios.
Sin embargo, la Biblia nos enseña que hay una forma de vivir el camino de la vida con seguridad, con paz y con esperanza. Esa forma es encomendar nuestros caminos al Señor, confiar en él y esperar su acción. Encomendar nuestros caminos al Señor significa entregarle a él nuestros planes, nuestros proyectos y nuestros sueños. Confiar en él significa creerle a él sus promesas, sus recursos y su presencia. Esperar su acción significa aguardar a él su tiempo, su forma y su resultado.
¿Qué significa encomendar nuestros caminos al Señor?
Encomendar nuestros caminos al Señor significa entregarle a él nuestros planes, nuestros proyectos y nuestros sueños. También implica reconocer que él es el dueño de nuestra vida, el autor de nuestra historia y el guía de nuestro destino. Esto incluye renunciar a nuestro orgullo, a nuestra autosuficiencia y a nuestra rebeldía. Para esto debemos someternos a la autoridad de Dios, a su sabiduría y a su voluntad.
Encomendar nuestros caminos al Señor implica tres pasos: consultarle, obedecerle y seguirle. Consultarle significa buscar su dirección, su consejo y su aprobación antes de tomar cualquier decisión o acción. Obedecerle significa acatar su mandato, su instrucción y su corrección cuando nos habla por medio de su palabra o de su Espíritu. Seguirle implica imitar su ejemplo, su carácter y su misión cuando nos muestra por medio de su Hijo o de sus siervos.
Encomendar nuestros caminos al Señor tiene tres beneficios: nos da seguridad, nos da paz y nos da esperanza. Nos da seguridad porque sabemos que él conoce el fin desde el principio, que él tiene el control de todas las cosas y que él obra todas las cosas para bien de los que le aman (Romanos 8:28).
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Nos da paz porque sabemos que él cuida de nosotros como un buen pastor, que él provee para nosotros como un buen padre y que él intercede por nosotros como un buen amigo (Juan 10:11; Mateo 6:32; Hebreos 7:25). Nos da esperanza porque sabemos que él cumple sus promesas, que él hace milagros y que él tiene preparado un futuro glorioso para nosotros (Números 23:19; Lucas 1:37; Jeremías 29:11).
¿Qué significa confiar en el Señor?
Confiar en el Señor significa creerle a él sus promesas, sus recursos y su presencia. Significa reconocer que él es fiel, poderoso y amoroso. Esto implica también depender de él con humildad, con sencillez y con gratitud. Significa esperar en él con paciencia, con perseverancia y con alegría.
Confiar en el Señor implica tres actitudes: fe, oración y alabanza. Fe significa creer lo que Dios dice aunque no lo veamos, aunque no lo entendamos o aunque no lo sintamos. Fe significa afirmar lo que Dios es, aunque las circunstancias digan lo contrario, aunque el enemigo nos acuse o aunque nuestra carne nos desanime.
Fe significa declarar lo que Dios hará aunque parezca imposible, aunque tarde en llegar o aunque cueste sacrificio. Orar significa hablar con Dios como nuestro Padre celestial, como nuestro Salvador personal y como nuestro Amigo fiel. Orar significa expresarle a Dios nuestras necesidades, nuestras peticiones y nuestras gracias. Implica escuchar a Dios cuando nos habla por medio de su palabra o de su Espíritu.
Alabar es reconocer a Dios por quién es y por lo que hace, es agradecer a Dios por sus obras, por sus dones y por sus beneficios. Alabanza también significa glorificar a Dios con nuestra boca, con nuestro cuerpo y con nuestra vida.
Confiar en el Señor tiene tres beneficios: nos da fuerza, nos da consuelo y nos da victoria. Nos da fuerza porque sabemos que él nos sostiene con su mano derecha, que él nos capacita con su Espíritu Santo y que él nos defiende con su brazo fuerte (Isaías 41:10; Efesios 3:16; Salmo 89:13).
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Nos da consuelo porque sabemos que él nos comprende como un sumo sacerdote compasivo, que él nos acompaña como un amigo cercano y que él nos restaura como un buen médico (Hebreos 4:15; Proverbios 18:24; Salmo 103:3).
El Señor nos da victoria porque sabemos que él pelea por nosotros como un guerrero valiente, que él intercede por nosotros como un abogado justo y que él vence por nosotros como un rey glorioso (Éxodo 15:3; 1 Juan 2:1; Apocalipsis 19:16).
¿Qué significa esperar la acción del Señor?
Esperar la acción del Señor significa aguardar a él su tiempo, su forma y su resultado. Quiere decir reconocer que él es el soberano, el sabio y el bueno. Implica aceptar su voluntad, su plan y su propósito. Significa confiar en su poder, en su amor y en su fidelidad.
Esperar la acción del Señor implica tres condiciones: humildad, paciencia y obediencia. Humildad significa reconocer nuestra limitación, nuestra dependencia y nuestra necesidad de Dios. Esto quiere decir renunciar a nuestra soberbia, a nuestra autosuficiencia y a nuestra rebeldía. Implica someternos a la autoridad, a la sabiduría y a la voluntad de Dios. Paciencia significa soportar con calma y sin quejarse las demoras, las dificultades o las ofensas.
Estamos hablando también de renunciar a nuestra impaciencia, a nuestra ansiedad y a nuestra amargura. Implica confiar en el tiempo, en la forma y en el resultado de Dios. Obediencia significa acatar con diligencia y sin excusas los mandatos, las instrucciones o las correcciones de Dios. Esto implica renunciar a nuestra desobediencia, a nuestra resistencia y a nuestra indiferencia. También implica cumplir la voluntad, el plan y el propósito de Dios.
Esperar la acción del Señor tiene tres beneficios: nos da seguridad, nos da paz y nos da alegría. Nos da seguridad porque sabemos que él no se tarda ni se olvida de sus promesas, sino que es puntual y fiel (2 Pedro 3:9; Hebreos 10:23). Nos da paz porque sabemos que él no se equivoca ni se confunde en sus planes, sino que es perfecto y bueno (Romanos 8:28; Salmo 18:30). Nos da alegría porque sabemos que él no se queda corto ni se limita en sus obras, sino que es abundante y sorprendente (Efesios 3:20; Jeremías 33:3).

Conclusión
Encomienda tus caminos al Señor, confía en él y él actuará. Él es el dueño de tu vida, el autor de tu historia y el guía de tu destino. Él es fiel, poderoso y amoroso. Él es el soberano, el sabio y el bueno. Entrega tus planes a él, cree sus promesas y espera su acción. Él te dará seguridad, paz y esperanza. Él te dará fuerza, consuelo y victoria. Él te dará un futuro glorioso con Cristo. Esto debe animarnos a vivir para la gloria de Dios y a compartir el evangelio con los que aún no lo conocen.
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