No Des Lugar Al Diablo Efesios 4:27 - Significado Y Meditación

¿Qué significa no dar lugar al diablo? ¿Cómo podemos evitar que el enemigo de nuestras almas tenga acceso a nuestra vida? ¿Qué nos enseña el apóstol Pablo en Efesios 4:27 sobre este tema? En este artículo, vamos a reflexionar sobre el significado y la aplicación de este versículo bíblico, que forma parte de una serie de instrucciones que Pablo da a los cristianos de Éfeso para que vivan de una manera digna de su llamamiento.

No Des Lugar Al Diablo Efesios 4:27 - Significado Y Meditación

Índice
  1. El contexto de Efesios 4:27
  2. ¿Cómo podemos dar lugar al diablo?
  3. ¿Cómo podemos evitar dar lugar al diablo?
  4. Conclusión

El contexto de Efesios 4:27

Efesios 4:27 dice: "ni deis lugar al diablo". Esta frase está conectada con el versículo anterior, que dice: "Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo". Pablo está advirtiendo a los creyentes que no dejen que la ira se convierta en un motivo de pecado, ya que eso abriría una puerta al diablo para que actuara en sus vidas.

La palabra griega que se traduce como "lugar" significa literalmente "espacio" o "oportunidad". Pablo está diciendo que no le demos al diablo ningún espacio u oportunidad para que nos tiente, nos engañe o nos acuse. El diablo es nuestro adversario, que anda como león rugiente buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8). Si le damos lugar, él aprovechará para atacarnos y hacernos daño.

¿Cómo podemos dar lugar al diablo?

Hay muchas maneras en las que podemos dar lugar al diablo, pero todas tienen que ver con desobedecer la voluntad de Dios y seguir los deseos de nuestra carne. Algunos ejemplos son:

  • La ira: como ya hemos visto, la ira puede ser una ocasión para el pecado, si no la controlamos y la expresamos de forma destructiva. La ira puede llevarnos a ofender, insultar, agredir o guardar rencor contra nuestro prójimo. La Biblia dice que la ira del hombre no obra la justicia de Dios (Santiago 1:20).
  • La mentira: otra forma de dar lugar al diablo es mentir, ya que él es el padre de la mentira (Juan 8:44). Cuando mentimos, estamos actuando como hijos del diablo y no como hijos de Dios, que es la verdad (Juan 14:6). La mentira puede causar mucho daño a nosotros mismos y a los demás, y puede romper la confianza y la comunión.
  • El robo: Pablo también menciona el robo como un ejemplo de pecado que debemos evitar (Efesios 4:28). El robo es una falta de amor al prójimo y una falta de confianza en Dios, que es nuestro proveedor. El robo también puede traer consecuencias legales y sociales negativas.
  • Las palabras corrompidas: otra manera de dar lugar al diablo es hablar palabras corrompidas, es decir, palabras que no edifican, sino que dañan. Estas pueden ser palabras obscenas, vulgares, chistosas, maliciosas, murmuradoras o calumniosas. Pablo dice que estas palabras entristecen al Espíritu Santo, que mora en nosotros (Efesios 4:29-30).
  • La amargura: por último, Pablo habla de la amargura como una actitud que debemos desechar, junto con la malicia, la ira, el clamor y la maledicencia (Efesios 4:31). La amargura es un resentimiento profundo y persistente hacia alguien que nos ha hecho daño o que creemos que nos ha hecho daño. La amargura nos impide perdonar y nos llena de odio y rencor.

¿Cómo podemos evitar dar lugar al diablo?

La única forma de evitar dar lugar al diablo es vivir según el Espíritu y no según la carne (Gálatas 5:16). Esto implica:

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  • Renovar nuestra mente con la Palabra de Dios: debemos meditar en las Escrituras y dejar que ellas transformen nuestra forma de pensar y de actuar. La Palabra de Dios es una espada que nos ayuda a resistir al diablo y a sus mentiras (Efesios 6:17).
  • Vestirnos de la armadura de Dios: Pablo nos exhorta a ponernos toda la armadura de Dios para poder estar firmes contra las asechanzas del diablo (Efesios 6:11). La armadura de Dios incluye la verdad, la justicia, el evangelio de la paz, la fe, la salvación y la oración (Efesios 6:14-18).
  • Andar en amor: el amor es el vínculo perfecto que nos une como hermanos en Cristo (Colosenses 3:14). El amor nos hace perdonar, servir, soportar y bendecir a los demás. El amor también nos protege del diablo, que es el enemigo del amor (1 Juan 4:8).
  • Ser llenos del Espíritu Santo: el Espíritu Santo es nuestro ayudador, consolador, maestro y guía. Él nos da el poder para vencer al pecado y al diablo. Él también produce en nosotros el fruto del Espíritu, que es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gálatas 5:22-23).

Conclusión

No dar lugar al diablo es una responsabilidad y un desafío para todo cristiano. Debemos estar alertas y vigilantes, y no dejar que el pecado nos domine. Debemos vivir de acuerdo con nuestra nueva naturaleza en Cristo, y no según nuestra vieja naturaleza pecaminosa. Debemos someternos a Dios y resistir al diablo, y él huirá de nosotros (Santiago 4:7).

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