El Noviazgo Cristiano: Una Relación De Amor, Pureza Y Compromiso

El noviazgo es una etapa muy importante en la vida de los jóvenes cristianos, pues es el tiempo en el que se conocen, se enamoran y se preparan para el matrimonio. Sin embargo, también implica muchos desafíos, tentaciones y riesgos, por lo que se necesita mucha sabiduría, oración y guía para vivirlo de acuerdo a la voluntad de Dios.

La Biblia no habla explícitamente del noviazgo, pues en los tiempos bíblicos se acostumbraba el desposorio, que era un compromiso formal y legal entre un hombre y una mujer, que precedía al matrimonio.

El noviazgo cristiano

Sin embargo, la Biblia sí nos da muchos principios y ejemplos que podemos aplicar al noviazgo, para que sea una relación que honre a Dios, que edifique a los novios y que los lleve al propósito divino del matrimonio. En este estudio, veremos siete aspectos fundamentales del noviazgo cristiano, que son:

  • El origen y el propósito del noviazgo
  • La elección de la pareja
  • El amor y el respeto mutuo
  • La pureza y la santidad
  • El compromiso y la fidelidad
  • La comunicación y la confianza
  • La oración y la dependencia de Dios
Índice
  1. El origen del noviazgo
  2. El propósito del noviazgo
  3. La elección de la pareja
    1. Importancia de la elección de la pareja
    2. Criterios para la elección de la pareja
  4. El amor y el respeto mutuo
    1. El amor en el noviazgo
    2. El respeto en el noviazgo
  5. La pureza y la santidad
    1. La pureza en el noviazgo
    2. La santidad en el noviazgo
  6. Preguntas frecuentes respondidas
  7. Conclusión

El origen del noviazgo

El noviazgo tiene su origen en Dios, pues él fue el que creó al hombre y a la mujer, y los hizo a su imagen y semejanza, para que se complementaran y se amaran. Dios dijo:

“No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él” (Génesis 2:18).

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Dios formó a la mujer de la costilla del hombre, y la trajo a él. El hombre dijo:

“Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada” (Génesis 2:23).

Así, Dios instituyó el primer matrimonio, y bendijo a la pareja, diciéndoles:

“Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla” (Génesis 1:28).

El noviazgo, entonces, es una relación que tiene su origen en el diseño y el plan de Dios, y que debe reflejar su amor, su sabiduría y su gloria. El noviazgo no es un invento humano, ni una moda pasajera, ni una excusa para satisfacer los deseos carnales. El noviazgo es una bendición de Dios, que nos permite conocer a la persona con la que él quiere que formemos una familia.

El propósito del noviazgo

El noviazgo tiene un propósito claro y definido: el matrimonio. El noviazgo no es un fin en sí mismo, sino un medio para llegar al fin que Dios estableció desde el principio: la unión permanente y sagrada entre un hombre y una mujer, que se aman y se comprometen a ser fieles el uno al otro, hasta que la muerte los separe. Jesús dijo:

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“Por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mateo 19:6).

El noviazgo, entonces, es un tiempo de preparación para el matrimonio, en el que los novios se conocen, se respetan, se aman y se ayudan mutuamente, buscando siempre la voluntad de Dios y su gloria. No se trata de un juego, ni una aventura, ni una diversión. El noviazgo es una responsabilidad, una oportunidad y un privilegio, que nos permite formar una relación sólida y saludable, que nos conduzca al matrimonio.

La elección de la pareja

La elección de la pareja es una de las decisiones más importantes y trascendentales que tomamos en la vida, pues de ella depende en gran medida nuestra felicidad, nuestra paz y nuestro crecimiento espiritual.

Importancia de la elección de la pareja

Elegir mal a la pareja puede traernos muchos problemas, sufrimientos y consecuencias negativas, tanto para nosotros como para los que nos rodean. Elegir bien a la pareja puede traernos muchas bendiciones, alegrías y beneficios, tanto para nosotros como para los que nos rodean.

La Biblia nos da muchos ejemplos de personas que eligieron mal a sus parejas, y que sufrieron las consecuencias de su mala elección. Por ejemplo, Sansón, el juez de Israel, se enamoró de Dalila, una mujer filistea que lo traicionó y lo entregó a sus enemigos, que le sacaron los ojos y lo esclavizaron (Jueces 16).

Salomón, el rey sabio de Israel, se casó con muchas mujeres extranjeras, que lo apartaron de Dios y lo llevaron a la idolatría (1 Reyes 11). Acab, el rey malvado de Israel, se casó con Jezabel, una mujer cruel y perversa, que lo incitó a hacer lo malo ante los ojos de Dios, y que persiguió a los profetas de Dios (1 Reyes 16).

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La Biblia también nos da muchos ejemplos de personas que eligieron bien a sus parejas, y que disfrutaron las bendiciones de su buena elección. Por ejemplo, Isaac, el hijo de Abraham, se casó con Rebeca, una mujer virtuosa y fiel, que lo consoló después de la muerte de su madre, y que le dio dos hijos, Jacob y Esaú (Génesis 24).

José, el hijo de Jacob, se casó con Asenat, una mujer egipcia, que le dio dos hijos, Manasés y Efraín, y que lo acompañó en su ascenso al poder en Egipto (Génesis 41). Booz, el pariente redentor de Noemí, se casó con Rut, una mujer moabita, que se convirtió al Dios de Israel, y que fue una mujer ejemplar y leal, y que fue la bisabuela del rey David (Rut 4).

Criterios para la elección de la pareja

¿Cómo podemos elegir bien a nuestra pareja? ¿Qué criterios debemos tener en cuenta para hacer una buena elección? La Biblia nos da algunos principios que podemos aplicar a la hora de elegir a nuestra pareja, y que nos ayudarán a tomar una decisión sabia y acertada. Estos principios son:

La pareja debe ser creyente

La Biblia nos dice que no debemos unirnos en yugo desigual con los incrédulos, pues no hay comunión entre la luz y las tinieblas, ni entre Cristo y Belial (2 Corintios 6:14-15). Esto significa que no debemos tener una relación de noviazgo o de matrimonio con una persona que no sea cristiana, que no haya nacido de nuevo, que no ame a Dios y que no viva conforme a su palabra.

Esto no quiere decir que debamos odiar o rechazar a los incrédulos, sino que debemos evitar tener una relación íntima y comprometida con ellos, pues esto nos puede apartar de Dios y de su voluntad. La pareja debe ser alguien que comparta nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor por Dios, y que nos ayude a crecer en nuestra relación con él.

Es necesario que sea compatible

La Biblia nos dice que Dios hizo al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, y que los hizo diferentes pero complementarios, para que se ayudaran y se amaran (Génesis 1:27; 2:18).

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Esto significa que debemos buscar una pareja que sea compatible con nosotros, que tenga gustos, intereses, valores y metas similares a los nuestros, y que nos aporte algo positivo y enriquecedor a nuestra vida. La pareja debe ser alguien que nos entienda, que nos respete, que nos apoye y que nos motive, y que nos haga sentir bien y felices.

La pareja debe ser de bendición

La Biblia nos dice que Dios bendijo al hombre y a la mujer, y les dio el mandato de fructificar y multiplicarse, y de sojuzgar y señorear la tierra (Génesis 1:28).

Esto significa que debemos buscar una pareja que sea de bendición para nosotros, para nuestra familia, para nuestra iglesia y para nuestra sociedad, y que nos ayude a cumplir el propósito de Dios para nuestra vida.

La pareja debe ser alguien que tenga dones, talentos y virtudes que nos complementen y nos enriquezcan, y que nos impulse a servir a Dios y a los demás con amor y generosidad.

Estos son algunos de los criterios que debemos tener en cuenta para elegir a nuestra pareja, pero no son los únicos. También debemos considerar otros aspectos, como la atracción física, la madurez emocional, la estabilidad económica, la salud, la edad, la educación, la cultura, entre otras cosas.

Sin embargo, estos aspectos no deben ser determinantes ni excluyentes, sino secundarios y relativos, pues lo más importante es que la pareja sea conforme al corazón de Dios, y que nos haga felices y nos acerque más a él.

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El amor y el respeto mutuo

Estos son dos pilares fundamentales para un noviazgo y un matrimonio feliz en la vida cristiana:

El amor en el noviazgo

El amor es el fundamento y la esencia del noviazgo, pues sin amor no hay noviazgo. Se trata del sentimiento y la decisión de querer y de hacer el bien a la otra persona, de buscar su felicidad y su bienestar, de compartir su vida y sus sueños, de aceptarla y valorarla tal como es, de perdonarla y reconciliarse con ella, de apreciarla y admirarla, de protegerla y cuidarla, de serle fiel y leal, de sacrificarse y renunciar por ella, de comprometerse y entregarse a ella.

El amor en el noviazgo debe ser un amor verdadero, puro y santo, que refleje el amor de Dios, que es el origen y el modelo de todo amor. La Biblia nos dice que Dios es amor, y que nos amó de tal manera que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna (1 Juan 4:8; Juan 3:16).

La Biblia también nos dice que el amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser (1 Corintios 13:4-8).

En el noviazgo, debe haber un amor que se exprese con palabras y con hechos, que se demuestre con detalles y con gestos, que se comunique con miradas y con sonrisas, que se manifieste con abrazos y con besos, que se nutra con diálogo y con escucha, que se fortalezca con oración y con consejo, que se renueve con sorpresas y con aventuras, y que sea profundizado con confianza y con intimidad, y consolidado con compromiso y con fidelidad.

El respeto en el noviazgo

El respeto es el complemento y la condición del amor, pues sin respeto no hay amor. El respeto es el reconocimiento y la consideración de la dignidad, la libertad y los derechos de la otra persona, de su identidad, su personalidad y su individualidad, de sus gustos, sus intereses y sus preferencias, de sus opiniones, sus creencias y sus valores, de sus sentimientos, sus emociones y sus necesidades, de sus límites, sus defectos y sus debilidades, de sus logros, sus virtudes y sus fortalezas.

En el noviazgo, debe haber un respeto mutuo, recíproco y equitativo, que se base en la igualdad y la justicia, que se rija por la verdad y la honestidad, que se guíe por la prudencia y la discreción, que se mantenga por la paciencia y la tolerancia, que se exprese por la cortesía y la amabilidad, que se demuestre por la humildad y la gratitud, y que sea fortalecido por la comunicación y la comprensión, y protegido por la lealtad y la fidelidad.

La pareja, debe demostrar un respeto que se extienda a todas las áreas y dimensiones de la relación, que se aplique a todas las situaciones y circunstancias de la vida, que se conserve en todo momento y lugar, que se transmita a todas las personas y entidades que rodean a la pareja, como la familia, los amigos, la iglesia, la sociedad, etc.

La pureza y la santidad

Estas también son dos características muy importantes en el noviazgo cristiano.

La pureza en el noviazgo

La pureza es la cualidad y el estado de estar libre de toda mancha, contaminación o corrupción, de toda culpa, pecado o maldad, de toda impureza, inmoralidad o perversión. La pureza es una virtud y un deber que Dios nos pide y nos ofrece, pues él es santo, y quiere que nosotros también seamos santos. La Biblia nos dice:

“Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16).

La Biblia también nos dice:

“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8).

La pureza en el noviazgo es la manifestación y la consecuencia del amor y el respeto que se tienen los novios, y del temor y la obediencia que le tienen a Dios. Implica guardar el cuerpo, el alma y el espíritu de toda contaminación y de todo pecado, especialmente del pecado sexual, que es el que más atenta contra la pureza y la santidad. La Biblia nos dice:

“Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca” (1 Corintios 6:18).

La Biblia también nos dice:

“Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios” (1 Tesalonicenses 4:3-5).

La pureza se logra y se mantiene por la gracia y el poder de Dios, que nos da la fuerza y la victoria sobre las tentaciones y las pasiones de la carne, y por la decisión y el esfuerzo de los novios, que se proponen y se ayudan a vivir en santidad y en honor.

La pureza en el noviazgo se expresa y se demuestra por la moderación y el control de los afectos y las caricias, por la prudencia y la sabiduría en el uso del tiempo y el espacio, por la responsabilidad y el compromiso de respetar y cuidar el cuerpo y el alma del otro.

También se expresa por la fidelidad y la lealtad de no traicionar ni engañar al otro, por la esperanza y la fe de guardar y esperar el momento y el lugar adecuados para consumar el amor: el matrimonio.

La santidad en el noviazgo

La santidad es la cualidad y el estado de estar separado y consagrado para Dios, de estar dedicado y entregado a su servicio, conforme y agradable a su voluntad, lleno y guiado por su Espíritu y transformado y renovado por su palabra. También implica reflejar y glorificar su imagen.

La santidad es un regalo y un llamado que Dios nos hace y nos concede, pues él nos ha escogido y nos ha salvado, y quiere que seamos parte de su pueblo santo. La Biblia nos dice:

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9).

La santidad en el noviazgo es la expresión y la evidencia del amor y el respeto que se tienen los novios, y de la gratitud y la adoración que le tienen a Dios. En el noviazgo, la santidad se manifiesta en la manera en que los novios tratan el uno al otro con pureza, respeto y amor, siguiendo los caminos de Dios.

La búsqueda de la santidad impulsa a los novios a apartarse de conductas inmorales y a vivir de acuerdo con los estándares de Dios para la pureza sexual. Es un compromiso mutuo de mantenerse fieles y consagrados a Dios, tanto individual como colectivamente como pareja.

Preguntas frecuentes respondidas

A continuación, puedes observar preguntas y respuestas sobre el noviazgo cristiano:

  1. ¿Cómo puedo mantener la pureza en mi noviazgo?
    • La pureza se mantiene mediante la oración constante, el establecimiento de límites claros, la comunicación abierta sobre las expectativas y la dependencia de la fuerza divina para resistir las tentaciones.
  2. ¿Por qué es importante la santidad en el noviazgo?
    • La santidad refleja el compromiso de los novios con Dios y entre ellos, fortaleciendo la relación y creando un ambiente propicio para el crecimiento espiritual y emocional.
  3. ¿Cómo puedo cultivar la santidad en mi relación?
    • Cultivar la santidad implica mantener una vida de oración conjunta, buscar la guía de la Palabra de Dios, practicar la honestidad y el respeto mutuo, y estar dispuestos a corregir y mejorar continuamente.
  4. ¿Qué hacer si hemos cometido errores y nos apartamos de la santidad en el noviazgo?
    • Reconocer los errores, arrepentirse sinceramente, buscar el perdón divino, y comprometerse a tomar medidas concretas para corregir el rumbo y volver a los principios de santidad.
  5. ¿Cómo influye la santidad en la preparación para el matrimonio?
    • La santidad en el noviazgo establece un fundamento sólido para el matrimonio, promoviendo la confianza, la lealtad y el respeto mutuo, elementos esenciales para una vida matrimonial exitosa.

Conclusión

La santidad en el noviazgo no es simplemente una práctica religiosa, sino un estilo de vida que refleja la consagración a Dios y el respeto hacia la pareja. Al vivir en santidad, los novios experimentan una conexión más profunda con Dios y entre ellos, construyendo una relación sólida y duradera.

Mantener la pureza, comprometerse con la fidelidad y cultivar la santidad son elementos cruciales para prepararse no solo para el matrimonio, sino para una vida en la que el amor, el respeto y la adoración a Dios sean los pilares fundamentales.

Al seguir estos principios, los novios pueden enfrentar los desafíos del noviazgo con fortaleza y ​​confianza, confiando en la gracia y el poder de Dios para guiar su camino hacia un matrimonio bendecido y lleno de propósito.

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