Canon Bíblico: Un Estudio Integral

El canon bíblico es el conjunto de libros que conforman las Escrituras que Dios ha dado a su iglesia. Estos libros son la base de la fe y la práctica cristianas, y son reconocidos como inspirados por el Espíritu Santo y autoritativos para la doctrina y la ética.

Sin embargo, el proceso de formación y reconocimiento del canon bíblico no fue sencillo ni inmediato. A lo largo de la historia, hubo diferentes etapas, debates, criterios e influencias que determinaron qué libros se incluyeron y cuáles se excluyeron del canon.

El propósito de este artículo es explorar la formación y el contenido del canon bíblico, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, y analizar los aspectos históricos, teológicos y culturales que intervinieron en su desarrollo. También se examinarán los desafíos contemporáneos que plantea el canon bíblico para la interpretación y la aplicación de las Escrituras en el contexto actual.

Índice
  1. I. El Canon del Antiguo Testamento
    1. 1.  Desarrollo histórico del Antiguo Testamento
    2. 2. Proceso de recopilación y autoridad de los textos
    3. Fuentes para el estudio del canon del Antiguo Testamento
    4. Etapas del proceso de recopilación y autoridad
  2. II. Evolución del canon en diferentes tradiciones religiosas
    1. El canon hebreo
    2. El canon griego
    3. El canon latino
  3. III. El Canon del Nuevo Testamento
    1. 1. Formación del Nuevo Testamento
  4. IV. Contexto histórico y cultural del Nuevo Testamento
    1. 1. La perspectiva judía
    2. 2. La perspectiva greco-romana
    3. 3. La perspectiva cristiana
  5. V. Selección y aceptación de los escritos apostólicos
    1. 1. La apostolicidad
    2. 2. La ortodoxia
    3. 3. La catolicidad
    4. 4. La antigüedad
  6. VI. Debates y controversias en torno a la inclusión de algunos libros
    1. 1. La duda sobre la apostolicidad
    2. 2. La dificultad de la interpretación
    3. 3. La divergencia de la tradición
  7. VII. Ejemplos de libros disputados
    1. 1. El evangelio de los Hebreos
  8. VIII. Decisiones conciliares y su impacto en el canon
    1. 1. El concilio de Hipona
  9. IX. Criterios para la Inclusión en el Canon
    1. 1. La inspiración divina
    2. 2. La consistencia teológica
    3. 3. La aceptación comunitaria
  10. X. Transmisión y conservación de los escritos apostólicos

I. El Canon del Antiguo Testamento

El Antiguo Testamento es la parte del canon bíblico que recoge los escritos sagrados del pueblo de Israel, desde la creación hasta el exilio babilónico. Estos escritos reflejan la historia, la ley, la profecía, la poesía y la sabiduría de Israel, y revelan el carácter, la voluntad y el plan de Dios para su pueblo. El Antiguo Testamento es también la base del Nuevo Testamento, pues contiene las promesas y las profecías que se cumplen en Jesucristo, el Mesías esperado.

1.  Desarrollo histórico del Antiguo Testamento

El Antiguo Testamento: Composición y Estructura

División en Secciones

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  • El Antiguo Testamento se compone de 39 libros, agrupados en cuatro secciones: la Ley, los Profetas, los Escritos y los Apócrifos.

La Ley (Pentateuco o Torá)

  • Contiene los cinco primeros libros: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.
  • Narran la creación, la caída, el pacto con Abraham, la liberación de Egipto, el establecimiento de la ley y el viaje hacia la tierra prometida.
  • Considerada la sección más antigua y fundamental del Antiguo Testamento.

Los Profetas (Nebiim)

  • Incluyen libros históricos y proféticos que relatan la historia de Israel desde la conquista de Canaán hasta el exilio babilónico.
  • Libros históricos: Josué, Jueces, Samuel, Reyes, Crónicas, Esdras y Nehemías.
  • Libros proféticos: Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce profetas menores.

Los Escritos (Ketubim)

  • Contienen libros poéticos y sapienciales que expresan la fe, la adoración, la ética y la reflexión de Israel.
  • Libros poéticos: Salmos, Job y Proverbios.
  • Libros sapienciales: Eclesiastés, Cantar de los Cantares y Lamentaciones.

Los Apócrifos (Deuterocanónicos)

  • Incluyen libros escritos entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, no aceptados por el judaísmo rabínico ni por la mayoría de los protestantes.
  • Ejemplos: Tobías, Judit, I y II Macabeos, Sabiduría, Baruc, entre otros.

Desarrollo Histórico

  • Se divide en tres etapas: composición, recopilación y canonización.
  • Composición: proceso de producción y transmisión de los escritos sagrados, realizado de forma oral y escrita.
  • Recopilación: selección y organización progresiva de los escritos sagrados.
  • Canonización: proceso de definición de los libros considerados sagrados, llevado a cabo por la Iglesia primitiva.

2. Proceso de recopilación y autoridad de los textos

El proceso de recopilación y autoridad de los textos del Antiguo Testamento es complejo y abarca un período de varios siglos. Para comprenderlo mejor, es necesario recurrir a diferentes fuentes y testimonios, tanto internos como externos.

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Fuentes para el estudio del canon del Antiguo Testamento

Las fuentes internas se encuentran en la Biblia misma, y aluden a la existencia, la transmisión, la preservación y el uso de los escritos sagrados. Por ejemplo, Josué 1:8 ordena al líder de Israel que medite en el libro de la ley; 2 Reyes 22:8-13 relata el hallazgo del libro de la ley en el templo; Nehemías 8:1-8 describe la lectura pública de la ley ante el pueblo; Lucas 24:44 menciona las tres divisiones del Antiguo Testamento: la ley, los profetas y los salmos; y 2 Timoteo 3:16 afirma que toda la Escritura es inspirada por Dios.

Las fuentes externas se encuentran en los testimonios de los escritores judíos y cristianos que dan cuenta de la formación, la tradición y el reconocimiento del canon del Antiguo Testamento. Por ejemplo, el prólogo del Eclesiástico reconoce la autoridad de la ley, los profetas y los otros escritos; el libro de Judit cita la ley y los profetas como las Escrituras; el libro de I Macabeos alude a la colección de los escritos de los profetas; el libro de II Macabeos menciona la existencia de una biblioteca con los libros de la ley y los profetas; el libro de Flavio Josefo ofrece una lista de 22 libros del Antiguo Testamento que coinciden con los 39 libros actuales; y el libro de Orígenes presenta una lista de 22 libros del Antiguo Testamento que se corresponden con los 39 libros actuales.

Etapas del proceso de recopilación y autoridad

El proceso de recopilación y autoridad de los textos del Antiguo Testamento se puede resumir en tres etapas:

La formación de la ley

La formación de la ley se produjo entre los siglos XV y V a.C., y se atribuye a la figura de Moisés, quien recibió la revelación de Dios en el monte Sinaí y la transmitió al pueblo de Israel. La ley fue el núcleo del canon del Antiguo Testamento, y fue considerada como la palabra de Dios y la norma de la vida de Israel.

La formación de los profetas

La formación de los profetas se produjo entre los siglos VIII y IV a.C., y se atribuye a los profetas que Dios levantó para confrontar, consolar y guiar a su pueblo en medio de las crisis históricas. Los profetas fueron los intérpretes de la voluntad de Dios para su pueblo, y denunciaron las injusticias, la idolatría y la desobediencia que provocaron las crisis históricas de Israel. Entre estas crisis se pueden mencionar la división del reino de Israel en dos (Israel y Judá) en el siglo X a.C., la invasión y el cautiverio asirio de Israel en el siglo VIII a.C., la invasión y el cautiverio babilónico de Judá en el siglo VI a.C., y la dominación de los persas, los griegos y los romanos en los siglos posteriores. Los profetas también anunciaron la esperanza de la restauración de Israel y la venida del Mesías, que sería el salvador y el rey de su pueblo.

La formación de los escritos

La formación de los escritos se produjo entre los siglos V y II a.C., y se atribuye a los sabios y los poetas que plasmaron la fe, la adoración, la ética y la reflexión de Israel en diferentes géneros literarios. Los escritos fueron la última sección en ser reconocida como parte del canon del Antiguo Testamento, y su autoridad fue cuestionada por algunos sectores del judaísmo. Sin embargo, estos libros contienen una riqueza teológica y espiritual que complementa y profundiza la revelación de Dios en la ley y los profetas.

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El proceso de recopilación y autoridad de los textos del Antiguo Testamento es un proceso complejo y dinámico que refleja la historia y la fe del pueblo de Israel. Este proceso se llevó a cabo a lo largo de varios siglos, y estuvo influenciado por diferentes factores históricos, teológicos y culturales.

II. Evolución del canon en diferentes tradiciones religiosas

El canon del Antiguo Testamento no fue fijado de forma definitiva y uniforme por todas las tradiciones religiosas que lo reconocen como Escritura. Existen diferentes versiones del canon, que varían en el número, el orden, el nombre y el contenido de los libros que lo componen. Estas versiones se deben a diversos factores históricos, lingüísticos, culturales y teológicos que influyeron en el proceso de canonización.

El canon hebreo

La versión más antigua y original del canon del Antiguo Testamento es la hebrea, que se basa en los manuscritos escritos en hebreo y arameo, y que se conservan en el llamado Texto Masorético. Esta versión consta de 24 libros, que se agrupan en tres secciones: la ley (5 libros), los profetas (8 libros) y los escritos (11 libros). Esta versión fue la que usaron los judíos de Palestina en el siglo I d.C., y la que aceptan actualmente el judaísmo rabínico y la mayoría de los protestantes.

El canon griego

La versión más difundida y conocida del canon del Antiguo Testamento es la griega, que se basa en la traducción de los textos hebreos y arameos al griego, realizada entre los siglos III y II a.C. en Alejandría, y que se conoce como la Septuaginta. Esta versión consta de 46 libros, que se agrupan en cuatro secciones: la ley (5 libros), los libros históricos (16 libros), los libros poéticos y sapienciales (7 libros) y los libros proféticos (18 libros). Esta versión fue la que usaron los judíos de la diáspora y los primeros cristianos en el siglo I d.C., y la que aceptan actualmente la Iglesia Católica y la Ortodoxa.

El canon latino

La versión más reciente y revisada del canon del Antiguo Testamento es la latina, que se basa en la traducción de los textos hebreos, arameos y griegos al latín, realizada por Jerónimo de Estridón en el siglo IV d.C., y que se conoce como la Vulgata. Esta versión consta de 39 libros, que se agrupan en cuatro secciones: el Pentateuco (5 libros), los libros históricos (12 libros), los libros poéticos y sapienciales (5 libros) y los libros proféticos (17 libros). Esta versión fue la que usó la Iglesia Occidental desde el siglo IV hasta el XVI d.C., y la que aceptan actualmente algunas iglesias protestantes.

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Conclusiones

Las diferentes versiones del canon del Antiguo Testamento reflejan la diversidad de las tradiciones religiosas que lo reconocen como Escritura. El canon hebreo, el griego y el latino son las versiones más importantes, y cada una de ellas tiene sus propias características y su propia importancia histórica.

III. El Canon del Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento es la parte del canon bíblico que recoge los escritos sagrados de los apóstoles y sus colaboradores, que dan testimonio de la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo, y de la fundación y el desarrollo de la iglesia cristiana. Estos escritos revelan el cumplimiento de las promesas y las profecías del Antiguo Testamento, y proclaman el evangelio de la gracia y la salvación de Dios para todos los pueblos. El Nuevo Testamento es también la base de la fe y la práctica cristianas, pues contiene la enseñanza de Jesús y de los apóstoles, y la aplicación de la misma a diferentes situaciones y contextos.

1. Formación del Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento se compone de 27 libros, que se pueden agrupar en cinco secciones:

Los evangelios

  • Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
  • Narran la historia de Jesús desde su nacimiento hasta su ascensión.
  • Destacan diferentes aspectos de su persona y de su obra.

Los Hechos de los Apóstoles

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  • Continúa la narración de Lucas.
  • Relata el nacimiento y el crecimiento de la iglesia cristiana, desde Jerusalén hasta Roma, bajo la dirección del Espíritu Santo y el testimonio de los apóstoles.

Las cartas paulinas

  • Trece cartas escritas por el apóstol Pablo a diferentes iglesias o personas.
  • Contienen doctrina, exhortación, consejo y saludos.

Las cartas generales

  • Hebreos, Santiago, I y II Pedro, I, II y III Juan y Judas.
  • Tratan temas variados como la fe, la esperanza, el amor, la perseverancia, la falsa enseñanza y la venida de Cristo.

El Apocalipsis

  • Escrito por el apóstol Juan.
  • Contiene una serie de visiones proféticas sobre el pasado, el presente y el futuro de la iglesia y del mundo, y el triunfo final de Cristo y de su reino.

Proceso de formación del Nuevo Testamento

El proceso de formación del Nuevo Testamento se puede dividir en tres etapas: la composición, la circulación y la colección.

Composición

  • Proceso de producción y transmisión de los escritos sagrados, realizado de forma oral y escrita.
  • Involucró a diferentes autores, editores y traductores.
  • La mayoría de los libros del Nuevo Testamento fueron escritos en el siglo I d.C., entre los años 50 y 90, en griego, que era el idioma común del mundo mediterráneo.
  • Algunos libros se basaron en fuentes orales o escritas previas, que recogían las palabras y las obras de Jesús.

Circulación

  • Proceso de distribución y difusión de los escritos sagrados, realizado de forma gradual y selectiva, y que dependió de diversos factores geográficos, históricos, culturales y teológicos.
  • Los libros del Nuevo Testamento fueron enviados o llevados a diferentes lugares, donde fueron leídos, copiados, compartidos y usados en la enseñanza y la adoración de las iglesias.

Colección

  • Proceso de recopilación y reconocimiento de los escritos sagrados como parte del canon del Nuevo Testamento.
  • Algunos libros tuvieron una amplia circulación y aceptación, y formaron colecciones tempranas que se consideraron como autoritativas.

IV. Contexto histórico y cultural del Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento se escribió en un contexto histórico y cultural muy complejo y diverso, que influyó en el contenido y el estilo de los escritos sagrados. Este contexto se puede describir desde tres perspectivas: la perspectiva judía, la perspectiva greco-romana y la perspectiva cristiana.

1. La perspectiva judía

El Nuevo Testamento se originó en el seno del judaísmo del siglo I d.C., que era el pueblo elegido por Dios y el depositario de las Escrituras del Antiguo Testamento.

Esperanza mesiánica

  • Basada en las promesas y las profecías de Dios sobre la restauración de Israel y la salvación de las naciones.

Divisiones del judaísmo

  • Marcado por diferentes sectas, partidos y movimientos con distintas interpretaciones de la ley, la tradición y la escatología.
  • Grupos como los fariseos, los saduceos, los esenios, los zelotes y los samaritanos.

Dominación romana

  • Los romanos conquistaron Palestina en el año 63 a.C.
  • Imponían leyes, impuestos y su idolatría.
  • Rebeliones judías contra la dominación romana, buscando la liberación nacional y religiosa.

Guerras judías

  • Entre los años 66 y 135 d.C.
  • Culminaron con la destrucción del templo de Jerusalén, la dispersión de los judíos y la prohibición de entrar en la ciudad santa.

Reflejo del contexto judío en el Nuevo Testamento

  • Uso de las Escrituras del Antiguo Testamento.
  • Presentación de Jesús como el Mesías y el cumplimiento de las profecías.
  • Polémica con los líderes judíos.
  • Predicación del reino de Dios.
  • Observancia de la ley y las fiestas.
  • Relación con los gentiles.
  • Persecución de los cristianos.
  • Esperanza de la segunda venida de Cristo.

2. La perspectiva greco-romana

El Nuevo Testamento fue redactado en el marco del mundo greco-romano, un vasto imperio que dominaba el Mediterráneo y abarcaba diversas regiones, culturas e idiomas.

La Paz Romana: Orden y Justicia

Este imperio estaba caracterizado por la "paz romana", basada en el poder militar, político y administrativo de Roma. Esta paz garantizaba el orden, la seguridad y la justicia en todo el territorio, aunque con sus peculiaridades.

Desafíos Morales y Sociales: Idolatría, Injusticia y Corrupción

A pesar de la paz romana, el mundo greco-romano también enfrentaba desafíos morales y sociales, como la idolatría, la inmoralidad, la corrupción y la injusticia. Estos problemas se reflejaban en el culto al emperador, la explotación de los pobres, la esclavitud, la violencia y la opresión de los débiles.

Influencia de la Cultura Griega: Filosofía, Arte y Religión

La cultura griega, que se había difundido desde la era de Alejandro Magno, dejó una huella significativa en el mundo greco-romano. Aportó elementos como filosofía, arte, literatura y religión, convirtiéndose en una fuente de sabiduría, belleza, ciencia y mitología. Sin embargo, también introdujo confusiones, relativismo, politeísmo y supersticiones.

La Lengua Griega: Comunicación y Difusión de Ideas

El idioma griego se convirtió en el lenguaje común del imperio, facilitando la comunicación y la difusión de ideas. La expresión de la cultura griega se realizaba principalmente en este idioma, contribuyendo a la transmisión de conocimientos y conceptos.

Reflejo en el Nuevo Testamento: Aspectos Greco-Romanos

El Nuevo Testamento refleja de manera profunda el contexto greco-romano. Se evidencia en el uso del idioma griego, la descripción de lugares, costumbres y personas, la interacción con las autoridades y las instituciones romanas, el diálogo con la filosofía y la religión griegas, la confrontación con la idolatría y la inmoralidad, así como en la evangelización de los gentiles y la afirmación de la soberanía y señoría de Cristo.

3. La perspectiva cristiana

El Nuevo Testamento se gestó dentro de la comunidad cristiana, la cual era conformada por seguidores de Jesucristo. Estos seguidores recibieron el evangelio de la gracia y la salvación de Dios.

  1. Características Fundamentales de la Iglesia Cristiana: La iglesia cristiana se caracterizaba por la fe, la esperanza y el amor, fundamentados en la obra de Cristo en la cruz y su resurrección. Estas manifestaciones se reflejaban en la adoración, la comunión, el servicio y el testimonio.
  2. Desafíos y Diversidad en la Iglesia Cristiana: A pesar de sus virtudes, la iglesia también enfrentaba desafíos como la diversidad, dificultades y conflictos. Estos problemas surgían debido a las variadas procedencias, culturas e idiomas de los cristianos, la persecución por parte de judíos y romanos, y la aparición de falsas doctrinas y prácticas.
  3. La Guía del Espíritu Santo en la Iglesia Cristiana: El Espíritu Santo jugaba un papel crucial como el don de Dios a los creyentes. Él otorgaba poder, dones, frutos y consuelo. Inspiraba a los autores del Nuevo Testamento, capacitaba a apóstoles y líderes, dirigía la misión y crecimiento de la iglesia, y revelaba la verdad y la voluntad divinas.
  4. Aspectos Reflejados en el Nuevo Testamento: El Nuevo Testamento refleja diversos aspectos del contexto cristiano, como el testimonio de la vida, muerte y resurrección de Jesús, la enseñanza de la doctrina y ética cristianas, la organización de la iglesia, la solución de problemas y controversias, la misión evangelizadora, la defensa de la fe y la visión escatológica.

V. Selección y aceptación de los escritos apostólicos

Los escritos apostólicos son los libros del Nuevo Testamento que se atribuyen a los apóstoles o a sus colaboradores cercanos, y que contienen el testimonio y la enseñanza de los testigos oculares de Jesucristo. Estos escritos fueron los que la iglesia cristiana reconoció como inspirados por el Espíritu Santo y autoritativos para la fe y la vida cristianas, y los que formaron el canon del Nuevo Testamento.

El proceso de selección y aceptación de los escritos apostólicos se basó en diversos criterios, que se pueden resumir en cuatro: la apostolicidad, la ortodoxia, la catolicidad y la antigüedad.

1. La apostolicidad

La apostolicidad se centra en el origen apostólico de los escritos, es decir, su conexión con los apóstoles o sus colaboradores cercanos. Este criterio aseguraba la fidelidad y veracidad de los textos, ya que los apóstoles fueron seleccionados por Jesús como testigos y enviados, con la autoridad y misión de difundir el evangelio y establecer la iglesia.

Garantías de Apostolicidad:

La apostolicidad de los escritos se comprobaba a través del nombre del autor, el testimonio de la tradición, referencias internas, estilo y contenido. Se aceptaron como apostólicos aquellos escritos que llevaban el nombre de un apóstol o colaborador cercano (como los evangelios de Mateo y Juan, las cartas de Pedro y Juan, y el Apocalipsis).

También se aceptaron los escritos respaldados por la tradición, evidenciado por padres y escritores de la iglesia que atestiguaban su origen y uso (como la carta a los Hebreos atribuida a Pablo o a uno de sus discípulos).

Además, se consideraron apostólicos aquellos escritos coherentes y concordantes con el testimonio y enseñanza de los apóstoles, tanto en fondo como en forma (como los Hechos de los Apóstoles, considerado la segunda parte del evangelio de Lucas, y las cartas de Judas y de Clemente, relacionadas con apóstoles del mismo nombre).

2. La ortodoxia

La ortodoxia se enfoca en la conformidad doctrinal de los escritos, es decir, su alineación con la verdad revelada por Dios en Jesucristo y transmitida por los apóstoles. Este criterio aseguraba la pureza e integridad de los textos, ya que los apóstoles fueron los guardianes de la fe, encargados de defenderla contra errores y herejías que amenazaban la unidad y santidad de la iglesia.

Garantías de Ortodoxia:

La ortodoxia de los escritos se verificaba mediante la armonía y coherencia con la regla de fe, el Antiguo Testamento y otros escritos apostólicos. Se aceptaron como ortodoxos aquellos que expresaban y desarrollaban la fe en Jesucristo como el Hijo de Dios, el Señor y el Salvador, quien murió y resucitó para nuestra salvación, y envió el Espíritu Santo a su iglesia.

También se aceptaron como ortodoxos aquellos que mostraban la continuidad y cumplimiento de las Escrituras del Antiguo Testamento en Jesucristo y su iglesia, citando y explicando textos proféticos y legales. Además, se consideraron ortodoxos aquellos escritos que se correspondían y complementaban con otros escritos apostólicos, sin contradecir ni alterar la verdad revelada.

3. La catolicidad

La catolicidad se centra en la aceptación universal de los escritos, es decir, su reconocimiento y uso por la iglesia cristiana en todas partes. Este criterio aseguraba la autoridad y utilidad de los escritos, dado que los apóstoles fueron los fundadores y maestros de la iglesia universal, extendida por todo el mundo y unida en la fe y la caridad.

Garantías de Catolicidad:

La catolicidad de los escritos se comprobaba mediante la difusión y recepción por parte de las iglesias, el testimonio y uso de los escritos por parte de los padres y escritores de la iglesia, y la inclusión y orden de los escritos en listas y catálogos del canon.

Se aceptaron como católicos aquellos escritos que circularon y fueron leídos por iglesias de diferentes regiones y culturas, considerados inspirados y normativos.

También se aceptaron aquellos escritos citados y utilizados por padres y escritores en obras teológicas, apologéticas, litúrgicas y espirituales, siendo venerados como sagrados. Además, se consideraron católicos aquellos escritos presentes y mantenidos en listas y catálogos del canon elaborados desde el siglo II al IV d.C., reflejando el consenso de la iglesia.

4. La antigüedad

La antigüedad de los escritos es un criterio esencial para evaluar su historicidad y veracidad. Este criterio se basa en la proximidad temporal de los escritos con los acontecimientos y las personas que describen. En el caso de los escritos cristianos, se destaca la importancia de la antigüedad para garantizar la autenticidad de la revelación divina.

1. La Antigüedad como Garantía de Historicidad

Para los cristianos, la antigüedad de los escritos se vincula estrechamente con la autenticidad de la revelación divina. Se argumenta que los apóstoles, testigos oculares de Jesucristo y su obra, fueron quienes escribieron o dictaron sus escritos en el siglo I d.C. Este periodo se considera crucial, ya que marcó la revelación definitiva de Dios.

2. Comprobación de la Antigüedad de los Escritos

La antigüedad de los escritos se puede comprobar mediante varios criterios. Uno de ellos es la fecha de composición de los escritos, preferiblemente entre los años 50 y 100 d.C., coincidiendo con el ministerio apostólico. Otro criterio relevante es la referencia a acontecimientos y personas de la época, como la destrucción del templo de Jerusalén, la persecución de Nerón y figuras como Pilato, Herodes o Agripa.

3. Distinción entre Escritos Antiguos y No Apostólicos

La aceptación de un escrito como antiguo también implica su distinción de los escritos no apostólicos. Se rechazan aquellos escritos que se datan en el siglo II d.C. o posteriores y que falsamente se atribuyen a los apóstoles o sus discípulos. Entre estos se encuentran los evangelios apócrifos, las cartas pseudepigráficas y los escritos gnósticos.

VI. Debates y controversias en torno a la inclusión de algunos libros

La selección y aceptación de los escritos apostólicos no fue un proceso fácil ni pacífico, sino que estuvo acompañado de debates y controversias en torno a la inclusión de algunos libros que no tenían el mismo grado de consenso y reconocimiento que otros. Estos libros se conocen como los libros disputados o antilegómenos, que significa “hablados en contra” o “cuestionados”. Estos libros fueron siete: Hebreos, Santiago, II Pedro, II y III Juan, Judas y Apocalipsis.

Los debates y controversias en torno a la inclusión de estos libros se debieron a diversos motivos, que se pueden resumir en tres: la duda sobre la apostolicidad, la dificultad de la interpretación y la divergencia de la tradición.

1. La duda sobre la apostolicidad

La duda sobre la apostolicidad se refiere a la incertidumbre o la negación del origen apostólico de los escritos, es decir, de su procedencia de los apóstoles o de sus colaboradores cercanos. Este motivo afectó especialmente a varios libros, como Hebreos, Santiago, II Pedro, II y III Juan, y Judas.

Hebreos: Atribución tradicional a Pablo cuestionada

El libro de Hebreos no llevaba el nombre del autor, y aunque se atribuyó tradicionalmente a Pablo, su estilo y contenido eran distintos a los de las cartas paulinas. Padres de la iglesia como Orígenes, Tertuliano y Jerónimo dudaron o negaron la autoría paulina, proponiendo otros posibles autores como Bernabé, Apolo, Lucas o Clemente.

Santiago: Identificación incierta y contradicciones doctrinales

El libro de Santiago llevaba el nombre del autor, pero había varios personajes con ese nombre en el Nuevo Testamento, sin especificar cuál escribió la carta. Además, el estilo y contenido de Santiago diferían de las cartas paulinas, incluso pareciendo contradecir la doctrina de la justificación por la fe. Padres de la iglesia como Eusebio, Cirilo y Jerónimo dudaron o negaron la autoría apostólica, atribuyéndolo a otro Santiago, el hermano del Señor.

II Pedro: Diferencias con I Pedro y cuestionamientos a la autoría petrina

El libro de II Pedro llevaba el nombre del autor, pero su estilo y contenido diferían de I Pedro, haciendo referencia a la muerte de Pedro, lo que dificultaba su autoría por él. Padres de la iglesia como Orígenes, Eusebio y Jerónimo dudaron o negaron la autoría petrina, atribuyéndolo a un discípulo o imitador de Pedro.

II y III Juan: Identificación como el anciano y cuestionamientos joánicos

Los libros de II y III Juan llevaban el nombre del autor, pero se identificaban como el anciano, no como el apóstol. Su estilo y contenido diferían de I Juan, dirigiéndose a destinatarios particulares en lugar de a la iglesia universal. Padres de la iglesia como Orígenes, Eusebio y Jerónimo dudaron o negaron la autoría joánica, atribuyéndolos a otro Juan, el presbítero, que no era el apóstol.

Judas: Atribución a un Judas no apóstol y referencias a fuentes apócrifas

El libro de Judas llevaba el nombre del autor, pero se identificaba como el hermano de Santiago, no como el apóstol. Su estilo y contenido diferían de otras cartas apostólicas, citando fuentes apócrifas como el libro de Enoc y la asunción de Moisés. Padres de la iglesia como Orígenes, Eusebio y Jerónimo dudaron o negaron la autoría apostólica, atribuyéndolo a otro Judas, el hermano del Señor, que no era uno de los doce apóstoles.

2. La dificultad de la interpretación

La dificultad de la interpretación se refiere a la complejidad o ambigüedad del mensaje de los escritos, es decir, a su significado profundo o escondido, o a su posible contradicción o confusión con otros escritos. Este motivo afectó especialmente a varios libros, como Hebreos, Santiago, Judas y Apocalipsis.

Hebreos: Relación entre el Antiguo y el Nuevo Testamento

El libro de Hebreos presentaba un tema complejo, como la relación entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, y la superioridad de Cristo sobre los profetas, los ángeles, Moisés, Aarón y el sacerdocio levítico. Además, usaba un argumento sofisticado basado en la tipología, la alegoría y la exégesis rabínica, que no era accesible para todos los lectores. Padres de la iglesia como Orígenes, Crisóstomo y Agustín reconocieron la dificultad de la interpretación de Hebreos y advirtieron posibles errores o malentendidos.

Santiago: Relación entre la fe y las obras

El libro de Santiago presentaba un tema ambiguo, como la relación entre la fe y las obras, y la necesidad de demostrar la fe con las obras. Además, parecía contradecir el mensaje de Pablo sobre la justificación por la fe. Padres de la iglesia como Jerónimo, Agustín y Beda reconocieron la dificultad de la interpretación de Santiago y trataron de armonizar su enseñanza con la de Pablo sin caer en el legalismo ni en el antinomianismo.

Judas: Identidad y condenación de falsos maestros

El libro de Judas presentaba un tema escondido, como la identidad y la condenación de los falsos maestros que se habían infiltrado en la iglesia. Además, citaba fuentes apócrifas, como el libro de Enoc y la asunción de Moisés, no reconocidas como canónicas ni inspiradas. Padres de la iglesia como Orígenes, Clemente y Agustín reconocieron la dificultad de la interpretación de Judas y explicaron el sentido y el valor de sus citas.

Apocalipsis: Revelación de misterios sobre el pasado, presente y futuro

El libro de Apocalipsis presentaba un tema profundo, como la revelación de los misterios de Dios sobre el pasado, el presente y el futuro de la iglesia y del mundo, y el triunfo final de Cristo y de su reino. Además, usaba un lenguaje simbólico lleno de imágenes, números, colores y figuras, no literales ni evidentes. Padres de la iglesia como Ireneo, Hipólito y Víctorino reconocieron la dificultad de la interpretación de Apocalipsis y propusieron diferentes métodos y escuelas, como el preterista, el futurista, el historicista y el idealista.

3. La divergencia de la tradición

La divergencia de la tradición se refiere a la disparidad o la oposición del testimonio de los escritos, es decir, a su aceptación o rechazo por parte de las diferentes iglesias, regiones o escuelas. Este motivo afectó especialmente a varios libros, como Hebreos, Santiago, II Pedro, II y III Juan, Judas y Apocalipsis.

Hebreos: Disparidad en la aceptación entre la iglesia oriental y occidental

El libro de Hebreos tuvo una aceptación mayor en la iglesia oriental, especialmente en Alejandría, donde se atribuyó a Pablo y se consideró canónico desde el siglo II d.C. Sin embargo, tuvo una aceptación menor en la iglesia occidental, especialmente en Roma, donde se dudó de su autoría y se retrasó su reconocimiento hasta el siglo IV d.C.

Santiago: Contraste en la aceptación entre la iglesia occidental y oriental

El libro de Santiago tuvo una aceptación mayor en la iglesia occidental, especialmente en Roma, donde se atribuyó a Santiago, el hermano del Señor, y se consideró canónico desde el siglo II d.C. Sin embargo, tuvo una aceptación menor en la iglesia oriental, especialmente en Antioquía.

VII. Ejemplos de libros disputados

Entre los libros disputados o antilegómenos, que no fueron aceptados por todas las iglesias o regiones, se pueden mencionar algunos ejemplos, que ilustran la diversidad y la complejidad del proceso de canonización del Nuevo Testamento.

1. El evangelio de los Hebreos

El evangelio de los Hebreos era un evangelio escrito en arameo o hebreo, que se usaba entre los cristianos judíos, especialmente en Egipto y Palestina. Se consideraba como una versión alternativa o complementaria del evangelio de Mateo, y contenía algunas diferencias o adiciones respecto al texto griego.

  • Por ejemplo, en el bautismo de Jesús, se decía que el Espíritu Santo le habló en primera persona: “Hijo mío, en ti me he complacido, hoy te he engendrado”. También se decía que Jesús llamó a Santiago el Justo como su hermano, y que le apareció después de la resurrección. El evangelio de los Hebreos fue citado y elogiado por algunos padres de la iglesia, como Clemente de Alejandría, Orígenes y Jerónimo, pero no fue reconocido como canónico ni inspirado por la mayoría de las iglesias.

2. El evangelio de Tomás

El evangelio de Tomás era un evangelio escrito en griego o copto, que se usaba entre los cristianos gnósticos, especialmente en Egipto y Siria. Se consideraba como una colección de 114 dichos o logia de Jesús, sin narración ni contexto histórico.

Algunos de estos dichos coincidían con los de los evangelios canónicos, pero otros eran extraños o contradictorios.

  • Por ejemplo, en el dicho 114 se decía que Jesús prometió hacer mujer a María Magdalena para que pudiera entrar en el reino de los cielos. El evangelio de Tomás fue descubierto en 1945 entre los manuscritos de Nag Hammadi, y fue rechazado y condenado por algunos padres de la iglesia, como Ireneo, Hipólito y Eusebio, que lo consideraron como herético y falso.

3. La epístola de Bernabé

La epístola de Bernabé era una epístola escrita en griego, que se usaba entre los cristianos gentiles, especialmente en Alejandría y Roma. Se consideraba como una obra de Bernabé, el compañero de Pablo, y contenía una exposición de la doctrina cristiana, basada en una interpretación alegórica y espiritual del Antiguo Testamento.

  • Por ejemplo, en el capítulo 10 se decía que el ayuno y el sábado judíos eran sombras y figuras de la realidad cristiana, y que el verdadero ayuno consistía en abstenerse del pecado, y el verdadero sábado en celebrar la creación nueva. La epístola de Bernabé fue incluida en algunos manuscritos del Nuevo Testamento, como el Códice Sinaítico, y fue citada y apreciada por algunos padres de la iglesia, como Clemente de Alejandría, Orígenes y Tertuliano, pero no fue reconocida como canónica ni inspirada por la mayoría de las iglesias.

VIII. Decisiones conciliares y su impacto en el canon

Las decisiones conciliares son las resoluciones que se tomaron en los concilios o asambleas de los obispos y líderes de la iglesia, que se reunieron para tratar diversos asuntos de la fe y la vida cristianas. Estas decisiones tenían como objetivo establecer la unidad, la ortodoxia y la autoridad de la iglesia, y resolver las disputas, las herejías y los cismas que amenazaban la comunión y la paz de la iglesia.

Las decisiones conciliares tuvieron un impacto en el canon del Nuevo Testamento, pues fueron las que ratificaron y fijaron la lista de los 27 libros que lo componen, y que se habían reconocido previamente por el consenso de la iglesia. Estas decisiones se tomaron en los concilios regionales o locales, que se celebraron en el siglo IV d.C., y que reflejaron la tradición y la práctica de las iglesias de cada zona. Entre estos concilios se pueden mencionar los de Hipona y Cartago, en el norte de África, y el de Roma, en Italia.

1. El concilio de Hipona

El concilio de Hipona fue un concilio regional que se celebró en el año 393 d.C., en la ciudad de Hipona, en el norte de África. Este concilio fue convocado por Agustín de Hipona, el obispo y teólogo más influyente de la iglesia africana, y contó con la participación de otros 19 obispos. El concilio trató diversos temas, como la disciplina eclesiástica, la moralidad cristiana, el bautismo de los niños, la gracia y el libre albedrío, y la autoridad de las Escrituras.

El concilio de Hipona fue el primero en ofrecer una lista de los 27 libros del Nuevo Testamento, que coincidía con la lista actual. Esta lista se basaba en la tradición y el uso de las iglesias africanas, que habían recibido la influencia de la versión latina de la Biblia, la Vulgata, que había sido traducida por Jerónimo de Estridón. El concilio de Hipona declaró que estos libros eran los que debían ser leídos en la iglesia, y que no se debían leer otros libros que no fueran canónicos.

2. El concilio de Cartago

El concilio de Cartago fue un concilio regional que se celebró en el año 397 d.C., en la ciudad de Cartago, en el norte de África. Este concilio fue convocado por Aurelio de Cartago, el obispo y metropolitano de la provincia de África, y contó con la participación de otros 44 obispos. El concilio trató diversos temas, como la disciplina eclesiástica, la moralidad cristiana, el bautismo de los herejes, la penitencia y la comunión, y la autoridad de las Escrituras.

El concilio de Cartago confirmó y reafirmó la lista de los 27 libros del Nuevo Testamento, que había sido establecida por el concilio de Hipona. Esta lista se basaba en la tradición y el uso de las iglesias africanas, que habían recibido la influencia de la versión latina de la Biblia, la Vulgata, que había sido traducida por Jerónimo de Estridón. El concilio de Cartago declaró que estos libros eran los que debían ser recibidos y venerados como sagrados, y que no se debían recibir otros libros que no fueran canónicos.

3. El concilio de Roma

El concilio de Roma fue un concilio local que se celebró en el año 382 d.C., en la ciudad de Roma, en Italia. Este concilio fue convocado por Dámaso I, el obispo y papa de Roma, y contó con la participación de otros 15 obispos. El concilio trató diversos temas, como la disciplina eclesiástica, la moralidad cristiana, el bautismo de los herejes, la primacía de la sede de Roma, y la autoridad de las Escrituras.

El concilio de Roma fue el primero en ofrecer una lista de los 27 libros del Nuevo Testamento, que coincidía con la lista actual. Esta lista se basaba en la tradición y el uso de las iglesias romanas, que habían recibido la influencia de la versión griega de la Biblia, la Septuaginta, que había sido traducida en Alejandría. El concilio de Roma declaró que estos libros eran los que debían ser leídos en la iglesia, y que no se debían leer otros libros que no fueran canónicos.

IX. Criterios para la Inclusión en el Canon

Los criterios para la inclusión en el canon son los principios o las normas que se usaron para determinar qué libros formaban parte del canon bíblico, y qué libros quedaban fuera del mismo. Estos criterios no fueron explícitos ni uniformes, sino que se fueron desarrollando y aplicando de forma implícita y diversa, a lo largo del proceso de canonización. Estos criterios se pueden resumir en tres: la inspiración divina, la consistencia teológica y la aceptación comunitaria.

1. La inspiración divina

La inspiración divina se refiere al origen divino de los escritos, es decir, a su procedencia de Dios, que se reveló a los autores humanos y les comunicó su palabra y su voluntad.

Este criterio garantizaba la autoridad y la veracidad de los escritos, ya que eran la palabra de Dios y no la palabra de los hombres, contenían la verdad revelada y no la opinión humana. La inspiración divina implicaba que los escritos eran infalibles e inerrantes, es decir, no se equivocaban ni se contradecían en lo que afirmaban o enseñaban.

Comprobación de la Inspiración Divina a través de los Propios Escritos

La inspiración divina de los escritos se podía comprobar por el testimonio de los propios escritos, que afirmaban o sugerían que habían recibido la revelación de Dios o que hablaban en nombre de Dios.

  • Por ejemplo, en 2 Timoteo 3:16 se dice que “toda la Escritura es inspirada por Dios”, y en 2 Pedro 1:21 se dice que “ninguna profecía de la Escritura procede de interpretación humana, pues nunca fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”.

Comprobación de la Inspiración Divina a través de la Tradición

La inspiración divina también se podía comprobar por el testimonio de la tradición, que reconocía y confirmaba la inspiración de los escritos, considerándolos como sagrados y canónicos.Principio del formulario

2. La consistencia teológica

La consistencia teológica se refiere a la conformidad doctrinal de los escritos, es decir, a su acuerdo con la verdad revelada por Dios en Jesucristo y transmitida por los apóstoles. Este criterio garantizaba la pureza y la integridad de los escritos, expresando y desarrollando la fe cristiana sin alterarla ni desviarla. La consistencia teológica implicaba que los escritos eran coherentes y complementarios, armonizándose y enriqueciéndose mutuamente.

Comprobación de la Consistencia Teológica a través de la Armonía y Coherencia

La consistencia teológica de los escritos se podía comprobar por la armonía y la coherencia con la regla de fe, el Antiguo Testamento y los demás escritos apostólicos.

  • Por ejemplo, en Gálatas 1:8 se dice que “si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema”, y en 1 Juan 4:1 se dice que “no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo”.

Comprobación de la Consistencia Teológica a través del Testimonio de la Tradición

La consistencia teológica también se podía comprobar por el testimonio de la tradición, que preservaba y defendía la ortodoxia de los escritos, distinguiéndolos de los escritos heréticos o apócrifos.

3. La aceptación comunitaria

La aceptación comunitaria se refiere al reconocimiento eclesial de los escritos, es decir, a su recepción y uso por parte de la iglesia cristiana en todas partes. Este criterio garantizaba la utilidad y la autoridad de los escritos, sirviendo para la instrucción, exhortación, corrección y edificación de los cristianos, siendo leídos y venerados como sagrados y normativos.

La aceptación comunitaria implicaba que los escritos eran universales y católicos, dirigidos y aplicados a todos los cristianos, no solo a un grupo o a una región.

Comprobación de la Aceptación Comunitaria a través de la Difusión y Recepción

La aceptación comunitaria de los escritos se podía comprobar por la difusión y recepción de los escritos por parte de las iglesias, así como por el testimonio y el uso de los escritos por parte de los padres y escritores de la iglesia.

Comprobación de la Aceptación Comunitaria a través de las Listas del Canon

La aceptación comunitaria también se podía comprobar por la inclusión y el orden de los escritos en las listas y los catálogos del canon. Por ejemplo, en Colosenses 4:16 se dice que “cuando esta carta haya sido leída entre vosotros, haced que también se lea en la iglesia de los laodicenses, y que la de Laodicea la leáis también vosotros”.

Comprobación de la Aceptación Comunitaria a través del Testimonio de la Tradición

Además, la aceptación comunitaria se podía comprobar por el testimonio de la tradición, que ratificaba y fijaba la lista de los escritos, considerándolos como canónicos e inspirados.

  • Por ejemplo, en 2 Pedro 3:15-16 se dice que “tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición”.

X. Transmisión y conservación de los escritos apostólicos

La transmisión y conservación de los escritos apostólicos se refiere al proceso mediante el cual los textos escritos por los apóstoles de Jesucristo han llegado hasta nosotros a lo largo de los siglos.

Este proceso ha sido de vital importancia para el estudio teológico y la comprensión de la fe cristiana. Aquí tienes algunos puntos clave sobre la transmisión y conservación de los escritos apostólicos:

Transmisión oral y escrita:

  • Inicialmente, las enseñanzas de los apóstoles fueron transmitidas oralmente, ya que la escritura no era la principal forma de preservar la enseñanza.
  • Con el tiempo, algunos discípulos de los apóstoles comenzaron a escribir cartas y relatos sobre la vida de Jesús y las enseñanzas apostólicas.

Conservación de los textos:

  • Los escritos apostólicos fueron conservados en rollos de papiro y posteriormente en códices de pergamino.
  • La labor de copistas y escribas fue fundamental para preservar y multiplicar los textos a lo largo de los siglos.

Traducción y difusión:

  • Con el tiempo, los textos apostólicos fueron traducidos a diferentes idiomas para que pudieran ser comprendidos por diversas comunidades cristianas en todo el mundo.
  • La difusión de los textos apostólicos se realizó a través de copias manuscritas que se enviaban a distintas regiones.

Colecciones y cánones:

  • Con el tiempo, se formaron colecciones de escritos apostólicos que luego fueron reconocidas como parte del canon del Nuevo Testamento.
  • La Iglesia primitiva realizó concilios y debates para definir qué escritos serían considerados sagrados y formar así el canon bíblico.

 

 

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