¿Cómo prepararse para la primera comunión?
Preparar tu corazón para la primera comunión no es un rito, sino un encuentro transformador con el Señor. Descubre cómo hacer de este momento una experiencia de fe profunda, arraigada en la Palabra y llena de gracia.
La primera comunión es un paso sagrado en tu vida cristiana. Para vivirla con plenitud, necesitas preparar tu corazón, entender el significado de la Cena del Señor y acercarte con fe y arrepentimiento. Esta guía bíblica te acompaña en ese camino.
⏱️ Tiempo estimado de lectura: 10 minutos | 📂 Categoría: Fe | 📅 Actualizado con base en las Sagradas Escrituras
La primera comunión es el inicio de un encuentro íntimo y real con Jesucristo en la mesa de su gracia. Recibir este sacramento por primera vez es un hito en la vida de todo creyente, un momento que trasciende la mera tradición familiar o eclesiástica para convertirse en una piedra angular de la fe personal. Pero, ¿cómo prepararse para que este momento no sea solo un recuerdo de la infancia o una foto en el álbum familiar, sino una experiencia espiritual que marque el resto de tu vida y te sostenga en los días de prueba?
A lo largo de la historia de la iglesia, la Santa Cena ha sido el centro de la adoración cristiana. Los primeros discípulos perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión y en el partimiento del pan (Hechos 2:42). No era un añadido ocasional, sino el eje de su vida comunitaria. Sin embargo, con el paso del tiempo, muchos cristianos se acercan a la Santa Cena por rutina, sin entender la profundidad de lo que están haciendo, o incluso con temor, habiendo escuchado enseñanzas que enfatizan el peligro de comer indignamente sin ofrecer el consuelo del evangelio. La primera comunión, sin embargo, es una oportunidad única para afirmar tu fe, para decir “sí” al Señor de una manera pública y consciente, y para crecer en tu relación con él.
No se trata de un requisito religioso vacío, sino de un acto de amor y obediencia que nos conecta con el sacrificio de Cristo y con la comunidad de creyentes. Es un memorial, sí, pero también es una proclamación profética (1 Corintios 11:26) y un anticipo del banquete celestial. Por eso, la preparación no puede ser superficial. Requiere tiempo, oración y un corazón dispuesto a ser examinado por la luz del Espíritu Santo.
En esta guía completa, exploraremos los pasos clave para que este sacramento se convierta en el pilar de tu caminar cristiano. Veremos qué significa realmente la comunión desde una perspectiva bíblica, qué enseñan las Escrituras sobre la preparación, cómo examinar tu corazón de manera práctica, qué hacer con las dudas y los temores, y qué frutos esperar después de este encuentro. También abordaremos el papel de la iglesia, la frecuencia de la comunión y cómo mantener vivo ese fervor inicial. Al final, encontrarás respuestas a preguntas frecuentes que te ayudarán a disipar dudas y a acercarte con confianza. Nuestro deseo es que, al leer estas líneas, tu corazón arda con la misma intensidad que los discípulos en Emaús al partir el pan (Lucas 24:30-31). Porque la comunión no es un rito, es un encuentro personal con el Resucitado.
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Para prepararnos adecuadamente, debemos comprender primero la esencia de lo que estamos a punto de recibir. La Santa Comunión, también llamada Eucaristía (del griego eucharistia, “acción de gracias”) o Cena del Señor, tiene su origen en la última cena que Jesús compartió con sus discípulos la noche antes de ser crucificado. No fue una comida cualquiera: fue una institución cargada de simbolismo profético y amor redentor, establecida en el contexto de la Pascua judía.
En el Antiguo Testamento, la Pascua conmemoraba la liberación de Israel de la esclavitud en Egipto. El cordero pascual, cuyo sangre marcaba las puertas de los hebreos, era la señal de protección y salvación (Éxodo 12). Jesús toma ese marco histórico y lo trasciende: ahora él es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29). Su cuerpo partido y su sangre derramada son la señal de la nueva alianza, no escrita en tablas de piedra, sino en el corazón de los creyentes (Jeremías 31:33). Cuando Jesús dice “haced esto en memoria de mí” (Lucas 22:19), no está simplemente pidiendo un recuerdo intelectual; está instituyendo un memorial vivo donde el pasado, el presente y el futuro se encuentran.
Participar de la comunión es proclamar la muerte del Señor hasta que él venga (1 Corintios 11:26). Es un acto memorial, pero también profético: miramos hacia atrás (la cruz), hacia adentro (nuestra condición espiritual) y hacia adelante (la segunda venida). En la teología cristiana, esto se conoce como el carácter anamnético y proléptico de la Cena. No es solo recordar un hecho histórico, sino hacerlo presente de manera eficaz por el poder del Espíritu Santo.
La palabra griega usada para comunión es koinonia, que implica participación, compañerismo y unión profunda. Cuando participas, no solo estás recordando un evento histórico, estás entrando en comunión real con Cristo. Como dice 1 Corintios 10:16: “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?”. Esta comunión no es meramente espiritual e individual; es también eclesial. Al participar, te unes a la iglesia universal que, a lo largo de los siglos y en todas las naciones, ha partido el pan en memoria del Señor. Es un acto profundamente comunitario que trasciende el tiempo y el espacio, conectándote con la nube de testigos que nos precedió (Hebreos 12:1).
Por lo tanto, la primera comunión es un acto de fe donde declaras que tu vida depende completamente del sacrificio de Jesús. Es un “sí” a su muerte y a su resurrección, y un “amén” a la nueva alianza sellada con su sangre. Esta comprensión teológica profunda es la base de toda preparación espiritual.
Malentendidos comunes que debemos despejar
Antes de adentrarnos en la preparación, es crucial despejar algunos malentendidos que pueden generar confusión o temor:
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Evitando el Pecado Mortal: Consejos Prácticos desde la Escritura y la Tradición Cristiana- “Es solo un símbolo”: Si bien tiene un fuerte simbolismo, la Biblia enseña que es una participación real en los beneficios de la cruz (1 Corintios 10:16). No es una simple representación teatral, sino un medio de gracia donde el Señor se hace presente de manera especial. Los reformadores hablaban de una presencia espiritual genuina, no meramente conmemorativa.
- “Es para los perfectos”: Al contrario, es para los que reconocen su necesidad. Jesús vino a llamar a pecadores, no a justos (Mateo 9:13). La mesa está abierta para el quebrantado de corazón, para el que reconoce su pobreza espiritual. Si esperas ser perfecto para comulgar, nunca lo harás. La comunión es medicina para el alma enferma.
- “Es un acto individual”: Aunque es personal, la comunión es un acto comunitario. Pablo corrige severamente a los corintios por hacer de la cena una comida individualista, descuidando a los hermanos e incluso humillando a los pobres (1 Corintios 11:20-22). No puedes comulgar con Cristo y despreciar a su cuerpo visible, la iglesia. La preparación incluye la reconciliación con los hermanos.
- “Comer indignamente me condena”: La advertencia de Pablo en 1 Corintios 11:27-32 es seria, pero no es una condena eterna para aquel que se acerca con fe, aunque sea débil. El propósito del juicio es disciplinario, no condenatorio (v. 32). El examen nos lleva a un arrepentimiento que evita la condenación con el mundo.
Preparación espiritual en las Sagradas Escrituras
La Biblia es nuestra guía infalible para prepararnos. El pasaje central que aborda esta preparación es 1 Corintios 11:23-28. Aquí, el apóstol Pablo no solo relata la institución de la Cena, sino que da instrucciones precisas sobre cómo acercarnos. Leámoslo con atención:
“Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo también tomó la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que bebiereis, en memoria de mí. Porque todas las veces que comiereis este pan y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga. De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así de aquel pan, y beba de aquella copa” (1 Corintios 11:23-28, RVR1960).
Este texto nos revela varias verdades fundamentales para la preparación:
- La autoridad divina del sacramento: Pablo recibe esto directamente del Señor. No es una invención humana ni una tradición eclesiástica opcional. Es una institución del mismo Cristo.
- La centralidad de la memoria activa: “Haced esto en memoria de mí”. No es un recuerdo pasivo, melancólico o nostálgico. Es una proclamación activa de su muerte hasta que él venga (v. 26). Es un acto de fe que mira a la cruz y al cielo.
- La advertencia amorosa: “Cualquiera que comiere... indignamente, será culpado”. Esta advertencia no es para alejarnos, sino para llamarnos a la seriedad. Es como la señal de “peligro” en un camino: no está para prohibir el paso, sino para que tomes precauciones.
- El mandato del autoexamen: “Pruébese cada uno a sí mismo”. El examen no es un requisito para el sacerdote, sino para cada creyente. Es una responsabilidad personal e intransferible.
Además, en Lucas 22:19 (RVR1960) encontramos el mandato directo y la conexión con el cuerpo entregado: “Y tomando el pan, dio gracias, y lo partió, y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí”. La preparación espiritual, entonces, comienza con la obediencia a este mandato y el reconocimiento de que el cuerpo de Cristo fue entregado por vosotros, es decir, por ti personalmente. No es una muerte genérica, es una muerte sustitutiva.
¿Qué significa "examinarse a sí mismo" en la práctica?
Examinarse no es hacer una autopsia moral para sentirte culpable o para descubrir todos tus pecados ocultos. Es, más bien, como preparar un jardín para recibir la lluvia: remover la tierra, quitar las piedras y asegurarse de que la semilla pueda germinar. El examen espiritual implica un proceso de varios pasos:
- Reconocer la santidad de Dios y tu necesidad de su gracia. No puedes acercarte a la mesa del Rey con ligereza. La santidad de Dios no es para asustarte, sino para mostrarte el valor de su gracia.
- Identificar el pecado conocido y confesarlo sinceramente (1 Juan 1:9). No se trata de una lista interminable, sino de aquello que el Espíritu Santo pone en tu conciencia: una palabra hiriente, un pensamiento impuro, una actitud de orgullo, una falta de amor.
- Restaurar las relaciones rotas en la medida de lo posible (Mateo 5:23-24). Si tienes algo contra tu hermano, o él tiene algo contra ti, la mesa no es el lugar para el rencor. Busca la reconciliación, aunque sea con un gesto de perdón en tu corazón.
- Renovar tu fe en Cristo, recordando que tu salvación no depende de la perfección de tu examen, sino de la obra consumada de Jesús. Descansa en su gracia.
La tradición cristiana ha desarrollado herramientas para este examen, como los “diez mandamientos” como espejo o las preguntas del catecismo. Pero lo esencial es la sinceridad del corazón delante de Dios.
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10 Lecciones De La Biblia Sobre La ModestiaConsejos prácticos para preparar el corazón
La preparación para la primera comunión es tanto vertical (con Dios) como horizontal (con los hermanos). Aquí te ofrecemos consejos prácticos, basados en la Escritura y en la sabiduría pastoral, para que tu corazón esté listo. Puedes dedicar varios días o una semana entera a estos pasos, no solo el día anterior.
1. La oración como respiración del alma
La oración es el canal por el cual recibimos la gracia para examinarnos. Pide al Espíritu Santo que te ilumine. Ora como el salmista: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos” (Salmo 139:23). Dedica un tiempo diario a la oración silenciosa, pidiendo perdón por tus pecados conocidos y desconocidos. No te limites a repetir fórmulas; habla con Dios como un hijo habla con su padre.
Tip de Oración: Prueba esta oración sencilla y profunda: “Señor Jesús, reconozco que soy pecador y que necesito tu misericordia. Gracias porque tu cuerpo fue partido y tu sangre derramada por mí. Lávame, purifícame y hazme digno, no por mis méritos, sino por tu amor. Enséñame a amarte más y a amar a mi prójimo. Amén.” Repítela cada día con atención.
2. El examen de conciencia a la luz del amor
Pablo nos llama a probarnos a nosotros mismos. Una manera práctica de hacerlo es reflexionar sobre los dos grandes mandamientos: amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como a ti mismo (Mateo 22:37-40). Pregúntate con honestidad:
- Amor a Dios: ¿He amado a Dios con todo mi corazón? ¿Hay algo que esté ocupando el lugar de Dios en mi vida (la fama, el dinero, una relación, el orgullo, el entretenimiento)? ¿He sido negligente en la oración, la lectura de la Biblia o la adoración?
- Amor al prójimo: ¿He amado a mi prójimo como a mí mismo? ¿He ofendido a alguien con mis palabras o acciones? ¿Guardo rencor en mi corazón contra algún hermano o hermana? ¿He sido indiferente ante la necesidad del otro?
Si el Espíritu te muestra algo, no lo apartes. Confiésalo al Señor y, si has ofendido a alguien, busca la reconciliación. Jesús fue claro: si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda y ve primero a reconciliarte (Mateo 5:23-24). Este es un principio de aplicación inmediata para la comunión.
3. La reconciliación y el perdón mutuo
La comunión es el banquete de la familia de Dios. No puedes sentarte a la mesa con el Señor si estás enojado con su hijo. El perdón no es opcional; es un mandato. Perdonar no significa justificar el daño, ni minimizar la ofensa, sino liberar la deuda y entregarla a la justicia y misericordia de Dios. Si has herido a alguien, pídele disculpas, aunque te cueste humillarte. Si alguien te ha herido y no es posible una reconciliación física (por distancia o por fallecimiento), entrégaselo al Señor en oración y decide en tu corazón no guardar rencor (Efesios 4:32). Recuerda que el Padre celestial te perdona a ti, que has ofendido su santidad, y espera que tú hagas lo mismo con tu hermano.
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25 Lecciones De Vida De La Biblia4. La fe, más que el sentimiento
A veces no “sentimos” nada al prepararnos. Puede que estemos distraídos, cansados o incluso emocionalmente secos. La fe no se basa en emociones, sino en la fidelidad de Dios. La preparación adecuada es creer que Cristo está presente en esa mesa, aunque no lo veas, y que él te recibe con amor, aunque no lo sientas. Descansa en la promesa de que “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). La comunión es para los que creen, no para los que sienten.
5. La instrucción y el acompañamiento pastoral
No estás solo en este camino. Busca a tu pastor o líder espiritual. Pregúntale sobre el significado de la comunión, resuelve tus dudas y pide su bendición. En muchas iglesias, la primera comunión va precedida de un curso de catecismo o de clases de preparación. Aprovéchalas. No te avergüences de hacer preguntas, por muy básicas que parezcan. Un buen pastor te guiará con paciencia y te ayudará a discernir tu corazón.
Cómo vivir después de la primera comunión: el fruto que perdura
La primera comunión no es un punto de llegada, sino un punto de partida. Así como el maná en el desierto sostenía a Israel cada día, la comunión debe ser un alimento que fortalece tu caminar diario. Jesús dijo: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Juan 6:35). Comulgar es alimentarte de Cristo, y eso te lleva a una transformación progresiva. ¿Cuáles son los frutos que esperan?
- Vivir en gratitud: Recordar el sacrificio de Jesús te llena de asombro y acción de gracias. Cada vez que te sientes a la mesa, renuevas tu conciencia de que no mereces nada, pero él lo da todo. Esta gratitud se traduce en una vida de alabanza y servicio.
- Amar a la iglesia: La comunión te une a la familia de fe. No puedes comulgar con Cristo y despreciar a su cuerpo visible (la iglesia local). Esto te llevará a participar más activamente, a orar por tus hermanos y a servir en la comunidad.
- Testificar con valentía: Participar de la Cena te recuerda que eres embajador de Cristo (2 Corintios 5:20). Vivirás de manera coherente con el evangelio, no por mérito, sino por gratitud. Serás luz en tu entorno.
- Esperar con anhelo: Cada comunión es un anticipo del banquete celestial (Apocalipsis 19:9). Mantendrás viva la esperanza de la venida de Cristo. No vivirás como si este mundo fuera todo, sino como quien espera una ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios (Hebreos 11:10).
Antes y después de una comunión genuina: una comparativa
- 🔴 Antes: Sentimiento de lejanía de Dios → 🟢 Después: Intimidad renovada y certeza del amor de Cristo
- 🔴 Antes: Pesadez por el pecado sin tratar → 🟢 Después: Libertad y gozo del perdón experimentado
- 🔴 Antes: Individualismo en la fe → 🟢 Después: Sentido de pertenencia a la comunidad cristiana
- 🔴 Antes: Rutina o temor al participar → 🟢 Después: Adoración viva y expectativa del regreso de Cristo
- 🔴 Antes: Debilidad en la oración → 🟢 Después: Mayor consistencia en la vida devocional
- 🔴 Antes: Indiferencia hacia los necesitados → 🟢 Después: Compasión y generosidad práctica
Cada uno de estos cambios es obra del Espíritu Santo, que usa la comunión como un medio de gracia para conformarnos a la imagen de Cristo.
Mantener el fervor después de la primera comunión
Muchos experimentan un pico emocional durante la primera comunión, pero luego vuelven a la rutina. Para que eso no ocurra, te sugerimos:
- Asiste a la comunión regularmente (según la frecuencia de tu iglesia). La Cena del Señor no es un evento anual, sino un alimento periódico.
- Lleva un diario espiritual donde anotes lo que Dios te ha enseñado en cada comunión.
- Comparte tu experiencia con otros jóvenes o nuevos creyentes. Testificar fortalece tu fe.
- Profundiza en el estudio de la Pascua y la nueva alianza en el Antiguo Testamento. Verás cómo toda la Escritura apunta a Cristo.
¿Qué hacer si tengo dudas o temor al acercarme?
Es normal sentir temor, especialmente si has escuchado enseñanzas severas sobre comer indignamente. Pablo advierte que comer y beber sin discernir el cuerpo del Señor trae juicio (1 Corintios 11:29). Pero esta advertencia es una llamada a la seriedad, no a la parálisis. Es como un padre que dice a su hijo: “No toques el fuego, te quemarás”, pero no le impide acercarse al hogar para calentarse.
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21 Lecciones Matrimoniales De La BibliaSi tienes dudas, busca ayuda pastoral. Lee detenidamente 1 Corintios 11 y pregúntate: ¿Cuál es la intención de mi corazón? ¿Vengo con fe o por tradición? ¿Estoy dispuesto a reconciliarme con los hermanos? La comunión es medicina para el alma, no veneno. El mismo Pablo dice que debemos probarnos a nosotros mismos, no para ser condenados, sino para ser juzgados por el Señor y así no ser condenados con el mundo (1 Corintios 11:31-32). Es decir, el examen previo evita un juicio posterior. Así que, lejos de temer, acércate con confianza, sabiendo que Cristo es más grande que tu pecado.
Conclusión
Prepararse para la primera comunión es un viaje de fe que te invita a mirar la cruz, examinar tu corazón y abrazar la gracia de Cristo. No es un simple trámite religioso, ni una tradición vacía, sino el momento en que el Señor te dice: “Ven, siéntate a mi mesa, eres bienvenido”. Como el padre del hijo pródigo, Dios te recibe con brazos abiertos, sin importar tu pasado. Como el buen pastor, él te carga sobre sus hombros y te lleva al redil.
Hoy, mientras te preparas, te invitamos a hacer tuyas estas palabras del salmista: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Salmo 51:10). Que tu primera comunión sea el inicio de una vida de comunión constante con el Señor y con tus hermanos en la fe. No dejes que el entusiasmo inicial se apague; aviva ese fuego día a día con la oración, la Palabra y el compañerismo.
Al final, recuerda que la mesa del Señor está abierta para todo aquel que cree en Jesús. No necesitas ser perfecto, solo necesitas ser sincero y estar en paz con Dios y con tu prójimo. Al partir el pan, escucharás la voz del Maestro que te dice: “Yo soy el pan de vida; el que viene a mí no pasará hambre” (Juan 6:35). Y esa promesa es para ti, hoy y siempre.
Pregunta para reflexionar: ¿Qué cambiará en tu vida diaria a partir de ahora, sabiendo que has sido recibido en la mesa del Rey? ¿Cómo puedes honrar ese cuerpo partido con tus acciones cotidianas, en tu casa, tu trabajo y tu comunidad?
Te animamos a compartir este artículo con alguien que también se esté preparando para su primera comunión, y a seguir explorando nuestra sección de estudios bíblicos para profundizar en el significado de los sacramentos. Que el Señor te bendiga y te guarde en su paz, y que la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo sean contigo. Amén.
Preguntas Frecuentes
- ¿La primera comunión es solo para niños o también para adultos?
- La primera comunión suele asociarse con niños en tradiciones litúrgicas, pero cualquier persona que nunca haya participado de manera consciente y con fe puede tener su primera comunión. Lo importante es la preparación espiritual, no la edad. Cada persona debe entender el significado y examinarse antes de participar. Muchos adultos que se convierten al cristianismo reciben su primera comunión después del bautismo.
- ¿Puedo tomar la comunión si me siento indigno?
- Precisamente por sentirte indigno es que necesitas la comunión. Jesús no vino a llamar a justos, sino a pecadores (Marcos 2:17). La condición no es la perfección, sino el arrepentimiento sincero y la fe en su sacrificio. Si reconoces tu necesidad de Cristo, eres bienvenido. La indignidad que condena es la que se acerca sin arrepentimiento ni fe, con un corazón endurecido.
- ¿Qué significa exactamente "comulgar indignamente"?
- Comulgar indignamente es hacerlo sin discernir el cuerpo del Señor (1 Corintios 11:29), es decir, sin reconocer su sacrificio, sin examinarse y sin respetar la unidad del cuerpo de Cristo (la iglesia). No se refiere a ser un pecador, sino a acercarse con levedad, rutina o hipocresía, como si fuera una comida cualquiera, sin fe ni reverencia.
- ¿Puedo comulgar si no soy miembro de una iglesia?
- La comunión es un acto de la iglesia local, el cuerpo de Cristo. Idealmente, debes participar en comunión con una congregación donde estés bajo cuidado pastoral y donde puedas discernir el cuerpo del Señor junto a otros creyentes. Si no eres miembro, es recomendable hablar con el pastor para recibir orientación. En muchas iglesias, la comunión está abierta a todos los cristianos bautizados que estén en paz con Dios y con los hermanos.
- ¿Con qué frecuencia debo participar de la comunión?
- La Biblia no establece una frecuencia fija. En Hechos 2:42, los primeros creyentes perseveraban en el partimiento del pan, lo que sugiere que era una práctica regular, probablemente cada domingo. Algunas iglesias lo celebran semanalmente, otras mensualmente o en ocasiones especiales. Lo importante es la actitud y la preparación, no la frecuencia. Consulta la práctica de tu congregación local.
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1 Corintios 11:23-24 (RVR1960)
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